David J. Garrow (1953) es historiador y autor de varios libros esenciales. A Martin Luther King le dedicó una biografía totémica, Bearing the cross: Martin Luther King, Jr., and the southern christian leadership conference, por la que ganó el Pulitzer en 1986. 3o años más tarde public otro libro monumental, la biografía de Obama en 1.460 páginas, Rising Star: the making of Barack Obama.
P.- Alguna vez ha ha comentado alguna vez que quizá la mayor fortaleza del doctor King fue la potencia de su fe. El hecho de que tuviera «un sentido casi sacrificial de su misión».
R.-Siempre supo que corría el peligro de ser asesinado, y la fe le dio la fortaleza necesaria para seguir delante. A partir de recibir el Nobel de la Paz en 1964 se sintió incluso más obligado todavía a darse, a entregarse a los demás y a la causa de los derechos civiles.
P.-Nunca se sintió demasiado cómodo con ese protagonismo.
R.- No, pero comprendía bien su papel. Sabía que el movimiento necesitaba de un liderazgo simbólico. Como orador, por su carisma y también por la solidez de su formación intelectual, era más capaz de llegar también a la población blanca que otros compañeros del movimiento. Pero siempre supo mantener una suerte de distancia entre la figura pública y la privada. Nunca se vanaglorió de lo que otros pudieran escribir sobre él.
P.- Resulta irónico que fuera el FBI el que nos haya permitido conocerle mejor.
R.- Una de las grandes ironías es que las escuchas del FBI, que espió y grabó sus conversaciones telefónicas durante años, constituyan la prueba más poderosa del carácter autocrítico de King y su profunda humildad. El FBI que dirigía Hoover tenía la hipótesis de que King estaba bajo la influencia de los soviéticos, a través de Stanley Levinson, aunque en realidad nunca tuvieron ninguna prueba de ello. Pero Robert Kennedy era un típico demócrata de la era de la Guerra Fría, muy susceptible al miedo anticomunista, y de ahí que autorizase las grabaciones.
P.- Tal y como usted mismo ha demostrado, a partir de 1965 King sabía que el FBI disponía de grabaciones de sus conversaciones y, todavía peor, de sus adulterios. La presión tuvo que ser insoportable.
R.- Lo fue, lo fue, aunque también que en no pocas ocasiones King y sus colaboradores bromeaban en el teléfono con ello. Aunque le asustaba mucho lo que el FBI pudiera hacer con esas grabaciones nunca logró preocuparse el tiempo suficiente. Su vida era demasiado. Intensa. Estaban sucediendo demasiadas cosas. Iba todo demasiado deprisa como para detenerse ahí.
P.- También ha escrito una monumental biografía de Obama. ¿Encuentra paralelismos entre las dos figuras?
R.- No. King tenía un sentido profético de sí mismo que estaba en las antípodas de la autopercepción de un político profesional. King sabía que sus críticas a la política estadounidense en Vietnam dañaban su reputación. Sin embargo nunca dejó de hacerlas. Mientras que Obama siempre concedía mucha importancia a cuanto pudiera perjudicar su imagen.
