Que dice el presidente del parlamento de Cataluña, Roger Torrent, que «ningún juez, ni ningún gobierno, ni ningún funcionario tiene la legitimidad para cesar, y aún menos perseguir, al presidente de todos los catalanes». Sí, los jueces investigaron a presidentes de otras comunidades autónomas. Donde la palabra clave es “otras”. Algunos fueron condenados. Otros absueltos. Otros siguen procesados. Lo escribía Manuel Moriarti/Josu de Miguel: «Me tiene extrañado esto de “No se puede detener ni juzgar a un Presidente”. Por ejemplo, ¿a Francisco Camps? ¿a Ignacio González? ¿a Hormaechea? ¿a Jaume Matas? No sé me suena raro, raro». Exacto. Camps, Gonzalez, Hormachea, Matas… y Gabriel Urralburu, Demetrio Madrid, etc. En Cataluña, quién sabe si fruto de la criminal dejadez del Estado, si resultado de las putrefactas componendas entre el bipartidismo y sus cómplices periféricos, o si consecuencia inevitable del idilio entre la izquierda más reaccionaria del continente y los nacionalistas que talaron Europa en dos guerras mundiales, creían que operaban al margen de España. Agraciados por los Presupuestos Generales del Estado y el Fondo de Liquidez Autonómica, yeah, pero libres para desoír sentencias judiciales y patrocinar, pongamos, la muerte civil de quienes no aceptasen su pinturera cosmovisión de pueblo elegido. Los jueces españoles carecen de legitimidad para perseguir al presidente de todos los catalanes por la misma razón que los jueces taiwaneses o uruguayos. Aunque quizá el problema no sea tanto de falta de jurisdicción en tierra extraña, que también, como que según los catecismos supremacistas el presidente de Cataluña es y será inimputable. ¿Recuerdan el borrador de aquella ley de para una rebelión? Habían diseñado una judicatura intervenida hasta la encía por el poder ejecutivo. Consecuencia lógica de un delirio que arranca cuando deciden que el Estatuto, y la llamada voluntad popular expresada en las urnas, maniobra cientos de metros por encima del superfluo peritaje de un poder judicial inservible. No niego la hipótesis de que Torrent, y con él dos millones de patéticos cheerleaders, sufran algún tipo de trastorno cognitivo. Que habiten una realidad Matrix. Hija de una mala digestión y la correspondiente curda tras ponerse tibios de pastillas azules. Pero en igualdad de condiciones la explicación más sencilla será la más probable. Para el caso Ockham que nos tortura, y pasada la navaja sobre el sebo retórico, la respuesta directa exige admitir que estamos ante un brote, bullshit pero mortífero, del descreimiento en la separación de poderes y la exaltación de un caudillo al margen de las leyes. ¿Qué es fascismo?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul… ¿Qué es fascismo, Roger? ¿Y tú me lo preguntas? ¿En serio?
