Vivimos el éxtasis perpetuo del cementerio. Una orgía de sangre entre las flores del supermercado y los bancos de la iglesia que la Asociación Nacional del Rifle achaca a toda clase de exotismos. La enfermedad mental y el desamor, y hasta el crimen organizado, rara vez matan sin pistolas, pero la cosa cambia si guardas un arsenal junto al carrito de los helados. Entre 1968 y 2017 en EEUU han muerto por disparos de arma de fuego más personas que en todas las guerras en las que el país ha participado. Concretamente 1,5 millones frente a las 1,2 millones de víctimas mortales que van de la Revolución Americana (4,435 muertos) a las guerras en Irak y Afganistán (6,929) pasando por las Guerras Indias (1,000), la Guerra de Secesión (498,332), la I Guerra Mundial (116,516), la II Guerra Mundial (405,339), Corea (54,246), Vietnam (90,220) y etc. Hablamos de un país que revienta la banca de muertos casi una vez por mes. Que sale a matanza diaria. Donde cada año mueren tiroteados más niños menores de 6 años que policías en acto de servicio. Con unas cifras de violencia a quemarropa dignas de las villas miseria de San Salvador y Caracas. En el que según dónde vivas y cómo sea tu barrio tienes grandes posibilidades de abandonar la pubertad en un saco forense. El país más rico del mundo. Una nación que enamora por la solidez y los robustos contrapesos de su sistema político, por su rica tradición como tierra de asilo, su garantismo jurídico y su inquebrantable compromiso con la causa de la democracia. Con eso y todo, en cuanto sale el asesino de guardia y liquida a 15, 20 o 50 personas en la explanada de un casino o junto a la barra de una discoteca, los periódicos y las televisiones, ruidosos ellos, se llenan de políticos apesadumbrados y detectives atónicos y sociólogos estupefactos ante las dimensiones de la enésima carnicería y la penosa dificultad para explicarla. Veamos. ¿Qué puede fallar en un lugar donde hay casi más armas que personas y puedes comprar un rifle de asalto con los permisos necesarios para adquirir un secador de pelo? Ya me dirán si no resulta enigmático hasta el límite con lo puramente esotérico. Así las cosas fue patético asistir hace apenas un mes a las contorsiones de unos analistas dedicados desentrañar la monstruosidad cometida por el señor Stephen Paddock. Sí, el caballero que en apenas diez minutos mató a 58 personas e hirió a 546. Nadie de entre los agentes asignados al caso, con el culo pelado de investigar homicidios, y no digamos ya entre los políticos locales, planteó la posibilidad de que caso existía una relación entre la psique del delincuente, obviamente alterada, y el estrepitoso arsenal que acumulaba en la habitación del hotel Mandalay. Entre otras minucias, no menos de 7 rifles semiautomáticos. América… Saldrás a la calle armado como un mujahidín en Chechenia o un boina verde en Saigón, y abrirás fuego, y matarás a decenas, pero al personal sólo le importará si odiabas tu trabajo o te dejó la novia.

Julio Valdeón Blanco

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