A medida que el gobierno refuerza su Frankestein constituyente las redes sociales y hasta los tuits de gente teóricamente no enajenada rebosan de calumnias. La principal, pero no la única, es acusar al PP de añorar el asesinato de los suyos a manos de los pistoleros ETA. Un sacrificio que les sería rentable en términos electorales. Tumbas por escaños. Como si dijéramos que el Likud anhela revivir las masacres sufridas a manos de los einsatzgruppe de las SS para mejor apuntalar en el poder al primer ministro Benjamin Netanyahu. O como si las feministas jaleran el asesinato de otras mujeres porque con su sangre colectarían subvenciones. Un individuo vomitó en mi Facebook que para dudar del aprovechamiento que el PP y Vox habrían sacado a sus muertos no queda otra que ser del PP o Vox. Estuve tentado de decirle que para negar semejante basura basta con no ser un hijo de puta. No lo hice porque reservo los juicios sobre la calidad moral de los siniestros a este espacio, que para eso lo cobro. También porque el mero insulto no basta para aprehender las raíces que nutre sus injurias. Para esputar semejantes barbaridades, para acusar a las asesinados de bailar junto a sus verdugos, necesitas negar la humanidad más básica. España ha cambiado de maneras, hemos sacado adelante el Estado de Derecho y hace medio siglo que hemos dejado atrás la dictadura y la guerra. Pero nuestros banqueros del rencor, buitres con mando en plaza, quieren aprovechar la inercia de los cementerios. De ahí los pactos con nacionalistas y otros xenófobos. De ahí los insultos. Sacan tajada de las fosas y metabolizan el hedor de los muertos. Leyeron antes que nadie las insuficiencias de la reconciliación y han cultivado con saña los más putrefactos abecedarios de la inquina. Proyectan iluminar sus mayorías con el cinematógrafo del guerracivilismo y levantar su poder sobre un aborrecimiento que lejos de desaparecer necesitan que crezca multiplicado. Su odio, como el Drácula de Bram Stoker y el Nosferatu de F. W. Murnau, cruza océanos de tiempo para parasitar a sus víctimas. De la sangre de los vivos el no muerto extrae sus vitaminas.

Julio Valdeón

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