Tres años después del impecable discurso del Felipe VI en defensa del republicanismo, entendido como oposición al despotismo, pues no otra cosa encierran sintagmas/bomba como el “derecho a decidir”, arrecia la ofensiva antimonárquica. Los cazadores de cabezas buscan la testa real porque equivale a reventar la soberanía nacional. También aspiran a tomar al asalto las trincheras de la judicatura, último obstáculo para sacar adelante todos los retorcimientos imaginables de la Carta Magna. Dado que no cuentan con la mayoría suficiente para una reforma aspiran a cambiar a los ropones encargados de controlar los excesos legislativos. La mutación llegaría por la gatera. Mientras los palmeros a sueldo pregonan que la monarquía está en crisis y que de Cataluña sólo saldremos mediante un referéndum “bien hecho”. Que a saber lo que quieren decir para no decir lo obvio. O sea, el secuestro de la legalidad. La izquierda reaccionaria maniobra contra el rey y el 78 para asegurarse el apoyo de las formaciones nacionalistas y la consolidación de una mayoría inexpugnable. Todo lo demás, desde las guerras culturales a la resignificación de momias, pantanos y monumentos, son (monstruosos) divertimentos que entretienen y, de paso, justifican el tratamiento jarrapellejos y transformación en cruel anatema de cuanto quede fuera del perímetro de las “fuerzas de progreso”, ellos, claro. Bien está que el PSOE sobreviva a costa de desnaturalizarse. Cada uno se prostituye como le quiere. Y hasta bien parece la deriva retrógrada de una “podemia” fiel a sus postulados ultras, y empeñada en abrazar todos los paradigmas de aquellas izquierdas infectas que a la diestra del PCE soñaban con instaurar la dictadura del proletariado. Luego llegará un Fernando Garea para escribir milonguero que «en los inicios de la democracia el anterior rey era rechazado por la ultraderecha, por considerarle una especie de traidor al régimen, mientras era más alabado por la izquierda moderada. Ahora es justo al revés». No, mire, hoy como entonces la ultraderecha (PNV, etc.) y la izquierda reaccionaria totalitaria (entre otros ERC, Herri Batasuna, el Bloque Nacional-Popular Galego y, por supuesto, el Partido Comunista de España (marxista-leninista), brazo político de la organización terrorista Frente Revolucionario Antifascista y Patriota, o sea, del FRAP… ¿les he hablado alguna vez del FRAP y de los «hijos de padres fraperos»?), atacan al rey. Lo defienden los conservadores, los liberales y los cuatro náufragos que todavía restan en España adscritos a la agonizante izquierda no sé si moderada, pero desde luego sí de convicciones democráticas, progresista, ilustrada, racionalista y etc. Yo mismo, vamos. Porque el debate no es izquierda vs. derecha o monarquía vs. república, sino monarquía parlamentaria, en un país de ciudadanos libres e iguales vs. decisionismo asambleario de estirpe populista y privilegios altomedievales en una confederación asimétrica y olé.

Julio Valdeón

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