Un retrógrado, el señor Aitor Esteban, defensor de los privilegios fiscales y laborales de unos ciudadanos españoles sobre otros, pregunta en el Congreso «para qué rayos es la conferencia de presidentes». Un periodista de El Correo, Iván Orio, aclara que el lehendakari en funciones, Iñigo Urkullu, no acudirá a la reunión porque, uh, «tanto él como su partido interpretan que en este tipo de citas la singularidad de Euskadi queda difuminada y la vinculación directa con el Estado se pierde». La singularidad de Euskadi. Su vinculación directa. Con el Estado. Otro reyezuelo, Torra, sostiene que a Cataluña le tocan 30.000 millones de euros de los fondos europeos. «Tenemos derecho. Este país tiene derecho a los recursos que le tocan». Entre el domingo y el lunes también asistimos a una puja entre los gobiernos autonómicos para exigir al Reino Unido un trato deferente. Calumnian a los conciudadanos del pueblo vecino mientras reclaman concesiones para el sector turístico local. El espectáculo de los últimos meses fue nauseabundo. El gobierno llegó tarde a todo. Reaccionó obligando a un confinamiento draconiano para evitar una hecatombe de proporciones luciferinas. Maquilló/ocultó no menos de 15.000 muertos. Ha promovido disco movidas en los balcones para celebrar a saber qué y caceroladas donde la peña exigía la caída del Rey. Acusó a los periódicos que mostraban la devastación de contrarrevolucionarios. Calumnió a los periodistas críticos por antipatriotas. Agasajó a los escribas palaciegos. En cuanto pudo delegó en sus liliputienses regionales las competencias y actuaciones para atajar la epidemia. No fuera a acusarle otra vez un Miquel Buch, consejero de Interior de la Generalidad, de jugar a las maniobras recentralizadoras. Los ayatolás del autogobierno también atacaron de forma sistemática el despliegue de la Unidad Militar de Emergencias (UME), que en las comunidades regidas por los partidos nacionalistas sólo acudió a determinadas infraestructuras del Estado. Los militares tampoco patrullaron con las funciones de autoridad otorgadas por el estado de alarma. El sectarismo, el tribalismo, sobre cualquier consideración relativa al bien común y el rico tejido de obligaciones y derechos compartidos. Cayetana Álvarez de Toledo, la raison tonne en son cratère, entrevistada por el filósofo Miguel Ángel Quintana Paz, ha mostrado su esperanza de que cada vez haya más ciudadanos comprometidos con «la defensa de la libertad, de la igualdad y del ciudadano como categoría superior frente a cualquier colectivo». Ojalá, pero…

Julio Valdeón

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