Cumplía 91 y años el día en que murió. Milton Glaser, santo patrón del diseño gráfico, cartelista reverenciado, ilustrador de portadas memorables, fundador de la muy influyente revista New York, apagó ayer la luz. No es desmedido sostener que con su desaparición el eje del mundo del arte ha sufrió una leve inclinación, fruto de la melancolía. Chispeantes, expresivos, coloristas y agudos, sus dibujos rompieron los moldes de la iconografía del último medio siglo. Suyo es el logo de todos los logos. Aquel I ♥ NY que ojalá vaya en este obituario con el pictograma del corazón, y con el que clavó el homenaje casi definitivo a la ciudad que amó y le amaba. Lo hizo por encargo de la agencia de publicidad, a la que la alcaldía había contratado con la (imposible) idea de suturar la imagen de una Nueva York vapuleada por el crimen, la desaparición de las clases medias, la destrucción de su patrimonio, el cierre de mil y un negocios y los fuegos que ardían del Bronx al East Village mientras Times Square lucía como meca de la prostitución. Huelga añadir que Glaser no cobró por aquel trabajo de forma gratuita. 25 años años más tarde, después de los atentados del 11-S, empuñó otra vez los rotuladores para reiterar su idilio con Manhattan herida de muerte. I still ♥ New York, rezaba la versión remozada de su carta de amor, y el corazón lucía una cicatriz chamuscada, una quemadura luctuosa, por los desnudos y los muertos. Otro de sus trabajos más recordados, el poster con el perfil de Bob Dylan, de 1966, con el que ilustró el primer Grandes Éxitos del artista, ha resultado tan brillante y duradero como, en cierta forma, fallido. No hay duda de que su Bob Dylan inauguró toda una corriente de carteles pop. Pero aquella melena multicolor y lisérgica, reproducida en millones de postales, imitado hasta la náusea, tenía mucho que ver con la escena cultural del momento y menos con el rumbo que seguiría el propio Dylan, que acabaría por detestar la psicodelia y, en cierta manera, romper con la contracultura. La tercera de sus grandes aportaciones a la cultura popular, de entre las más recordadas, fue la revista New York, de la que fue socio fundador junto a otra leyenda, el periodista Clay Felker. Aquella publicación abrió la senda de las revistas urbanas, atentas al latido de la ciudad y desprovistas de muchas de las viejas convenciones. Por supuesto hubo más, muchísimo más en una trayectoria millonaria en hallazgos, del logo de DC Comics a carteles para Mad men. Galardonado con la Medalla Nacional de las Artes en 2009, ese año compartió con premio con, entre otros, el propio Dylan, Clint Eastwood, John Williams, Frank Stella y Rita Moreno. Sus pares, sus iguales, en la constelación del mejor arte del siglo. Sin pedantería, sin creérselo demasiado ni atribuir poderes chamánicos a su talento, Glaser operó el milagro de que algo teoricamente efímero resista tormentas y haya vencido en la prueba del tiempo.

Julio Valdeón

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