José Luis Rodríguez Zapatero, dinamitero del pacto del 78, explica que el proyecto de Albert Rivera fue de los peores experimentos de la democracia. Ignoremos la trampa de identificar al partido con su ex secretario general. Ojalá quisiera decir que Albert perdió la chaveta cuando creyó posible devorar al PP y hacer de Ciudadanos el partido hegemónico del centro-derecha. Zapatero transita caminos más toscos. Los de la izquierda preconciliar. Los de los enemigos de la unidad de distribución. Apologetas más o menos analfabetos del Ancien Régime. Emperrados en reventar lo común y contraponer, frente a la restallante nación de ciudadanos, grasientos potajes herderianos y alucinógenas cuatricromías a cuenta de la lengua y el espíritu del pueblo. Zapatero y cia. consideran bueno y bonito, ¡sagrado!, que el catalán o el euskera, lenguas minoritarias en sus respectivos territorios, funcionen como barreras infranqueables para acceder a subvenciones y/o a puestos en la administración pública. Zapatero considera que las lenguas tienen derechos que los seres humanos desconocen. De ahí que aplauda las alianzas con los nacionalistas periféricos y los peronistas morados. Unidos podemos en la destrucción de la justicia distributiva, la devastación de la koiné y la ruina implacable de la idea laica del Estado como garante de derechos y obligaciones. Zapatero tiene que odiar el experimento Ciudadanos, republicanismo en el mejor sentido, porque no concibe los beneficios higiénicos de un partido reactivo a la metralla agonística, que fue diseñado para romper la venenosa dependencia de PP y PSOE respecto de la tarántula pujoliana. La obra política de Zapatero puede resumirse en el proceder de un PSV que durante años había puesto las nucas para que los pistoleros practicasen el tiro al concejal y hoy acepta encantado los favores de los verdugos S.L. Para ganarse su apoyo, y consolidar la segregación de democristianos y liberales, no importa despreciar a los propios muertos, que tampoco están ya para quejarse. Tampoco incomoda votar en Europa a favor de enterrar cientos de asesinatos no resueltos. Ciudadanos, el experimento que Zapatero aborrece, quizá tiene los días contados, lastrado por la renuncia a su alma bifronte, liberal y socialdemócrata, y machacado por el desperdicio de la victoria de 2017. Pero como experimento mereció la pena y como sueño, en la estela plural de Rawls, Judt, Pinker, et al., fue de los mejores. Mal que les pese a nuestros incansables reaccionarios.

Julio Valdeón

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