Hablo con un amigo, veterano del foro, de la cacería contra el Rey emérito. Comenta que España es un país de cobardes. Nadie da la cara por el hombre que, con el PCE y Suárez, trajo la democracia. Juan Carlos I tiró por el inodoro la herencia recibida, los deseos del anterior jefe del Estado. Contribuyó a vertebrar y asimilar a los más jabalís. Patrocinó una revolución liberal. Puso firme al ejército la noche del 23-F. Cumplió de forma escrupulosa con el contrato suscrito con la ciudadanía, desde luego en la parte institucional. Aunque su papel fue simbólico cualquier desliz privado tenía el potencial de transformarse en ruina pública. La ejemplaridad del césar es incluso más decisiva cuando el césar ejerce de jarrón chino. No digamos ya si descontada la neutralidad late la dinamo del que rema entre bambalinas por la consolidación democrática. Salir ahora con la motosierra es pedir tea para uno de los arquitectos de las libertades. Detrás va la propia institución, su sucesor, y el sistema. Los enemigos del Estado quieren la cabeza de Felipe VI, la destrucción del régimen constitucional, el reseteo del país. Apuntan a la testa real por monarca interpuesto, toda vez que la fiscalía política que dirige la ex ministra que comía con Villarejo y hablaba de maricones apunta ya contra el Borbón. No se trata de ocultar bajo tapices las posibles comisiones. Pero la misma fiscalía que retira la acusación de rebelión contra el golpista Trapero, la misma fiscalía que pide el archivo de la causa del 8-M, quién lo iba a imaginar, lanza ahora un recadito. Todo esto mientras un ministro de Justicia, nada menos que un ministro de Justicia, habla en sede parlamentaria de la apertura de un proceso constituyente. Mientras un vicepresidente acusa a un partido de la oposición de que carece de arrestos para dar el golpe de Estado que por lo visto anhela, y mientras la vicepresidente, Carmen Calvo, poco menos que insinuaba que, en efecto, hay o hubo una conspiración, ruido de sables, para derribar al gobierno. Si la fiscalía mantiene su órdago los enemigos del 78 exclamarán delenda est monarchia. Si la cosa cierra en falso, ídem. Yo, como defensor del Estado, condición imprescindible del Estado de Bienestar, y como republicano, o sea, partidario de la libertad frente al despotismo, solo puedo escribir viva el Rey.

Julio Valdeón

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