En política la honestidad cuenta porque al político que le adjudican la etiqueta de tahur no lo quiere nadie. Puede engañarte cien veces y siempre llega el momento en el que unos y otros lo abandonan por imposible. No puedes embarcar con un patrón dispuesto a lanzarte a las olas en cuanto cambie el viento. Ese es Pedro Sánchez. Butronero en jefe de un partido desposeído de honor. Capitán de un PSOE en el cielo de la infamia, que ayer disponía cadáveres frente al pistolerismo etnicista y hoy acepta de buen grado que Adriana Lastra firme junto a los albaceas del verdugo y al lado de un siniestro como Pablo Echenique. Escribe Shakespeare en Ricardo II que «Mi honor es mi vida; los dos son uno. Quítame el honor y mi vida estará acabada». Incluso Anthony ‘Tony’ Soprano, mafioso, hablaba de las cosas que importaban a los inmigrantes italianos que entraron por la isla de Ellis, que no quisieron limitarse a romperse el costillar por los Carnegies y los Rockefellers, y «cita el honor, la familia, la lealtad». En cambio Carmen Calvo, el 27 de mayo de 2019, afirmó que «No vamos a apoyar a Bildu. Para nosotros eso son líneas rojas y los socialistas, con nuestros defectos y virtudes, somos muy de fiar. Todo el mundo sabe a qué se puede atener con nosotros, cuales son nuestros principios y las líneas que no pasamos». Algo parecido y de distintas formas ha comentado el propio Sánchez, mire mis labios, mírame a los ojos, yo no pacto con Bildu. Al fondo asoma no tanto el apoyo circunstancial del gansterismo a una derogación de la reforma laboral que necesitaría llegar por encima del cadáver de Bruselas, como la maniobra sostenida en el tiempo para dotar de respetabilidad a unos delincuentes. De tal forma que, tacita a tacita, el cuerpo electoral asuma como inevitable que el PSOE gima en la cama con Bildu. Que parezcan fetén los acuerdos con formaciones nacionalistas, especializadas en mejorar los déficits y cupos de los habitantes de un territorio frente a otro, puede explicarse por la deriva cruel de una izquierda desnortada. Pero para entender el desprecio a Múgica, Buesa, Pagaza y así hasta once militantes socialistas necesitas galvanizar a la gente con un concentrado de odio puro, mientras el lepenismo podemita, encantado, aplaude la violenta combustión de un PSOE con las tripas abiertas.

Julio Valdeón

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