Sostiene Fernando Simón, todavía director del Centro de Coordinación de Emergencias del Ministerio de Sanidad, que el exceso de muertos de los últimos dos meses puede deberse al coronavirus. O no. Quizá regresó Almanzor y a su paso cayeron miles. O no. Acaso el exceso de soledad y gayolas haya cegado al personal y, claro, así no hay dios que conduzca sin tatuarse la mediana en el cráneo. O no. Acaso la gente ha desaparecido de sus casas para teletransportarse, en estado cadáver, al puente de mando de la Enterprise, engage. O no. Quién sabe si una invasión de cocodrilos, cebados por gnomos de las alcantarillas, no habrá diezmado el censo. Palabra de Simón, cuyo discurso tiene el brillo audaz de un Donald Trump si aquel supiera cómo reírse de nosotros con el aplomo de un cualificado experto en bullshit. El presidente de EE.UU. habla y razona como el perfecto analfabeto que es, mientras que el estelar Simón sabe manejarse trucho sin que nadie rechiste: «Los incrementos que se detectan son incrementos estadísticos que se tienen que asociar luego a una causa y no podemos decir a qué se deben esos incrementos; no sabemos si se deben a un accidente de tráfico enorme, no sabemos si se deben a un incremento de la mortalidad por infartos, a un aumento de la mortalidad por coronavirus o por cualquier otra enfermedad». Hace casi dos semanas que el New York Times revisó los datos oficiales de mortalidad en 11 países. El gobierno de España, entre el 9 de marzo y el 5 de abril, daba 12.401 muertos por coronavirus. Al New York Times le faltaban 7.300. Repito, entre el 9 de marzo y el 5 de abril. Hoy es 8 de mayo, y hace apenas tres días, para el periodo entre el 16 de marzo y el 26 de abril, el Times actualizaba con datos muy similares. Según el periódico hablamos de «muertes por Covid-19, así como por otras causas, que probablemente incluyen a personas que no pudieron ser tratadas en los hospitales cuando colapsaron». Esto es, de muertos indirectamente provocados por la pandemia. Lo corrobora el Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria. Parafraseando a Groucho, nuestro Simón puede parecer un idiota, y puede que hable como un idiota. Pero no dejen que eso les engañe: el idiota somos nosotros, que pagamos su sueldo.

Julio Valdeón

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