Lo describo en la crónica diaria y lo remacho en este diario, desde unos parámetros estéticos y estilísticos más crudos. Contemplar los aspavientos de tipos como Donald Trump vale por un cursillo urticante en náuseas. Trump reclama en Twitter que liberen Virginia y Minnesota. Pretende que alguien, los gobernadores, la CIA, el club Bilderberg, los siete enanitos, Rambo, Dumbo o el séptimo de caballería excarcelen a los pobres estados del confinamiento que él mismo recomienda, siguiendo los consejos los científicos que lo asesoran. Sabe el lebrel que muchos de sus acólitos compran todas las mentiras reptantes, enemistadas con la ciencia y proclives a hacer de la política y la vida una sucesión de temblorosas conspiraciones y guiones baratos. Sigue el guión de zumbados como Owen Shroyer, periodista o así. Célebre por sus ácidas peroratas en InfoWars. Un sinvergüenza, magufo, conspiranoico, que entre otros detritus ha propagado que los padres que enterraron a sus hijos de seis y siete años -asesinados en el colegio de Sandy Hook por un psicópata que irrumpió en las aulas con un rifle semiautomático- son actores al servicio de Moscú y/o cuentistas comprados por los cheques regalo del Hollywood liberal y la prensa fake. Que es toda excepto la que comulga acrítica con sus payasadas. Trump no está sólo. En México fulge un prodigio, Andrés Manuel López Obrador, que proponía las estampitas, los amuletos mágicos y el detente bala como eficacísima profilaxis ante la pandemia. En ausencia de pruebas clínicas, del diagnóstico de una catástrofe neurodegenerativa como salvífica coartada, habrá que concluir que México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos, sigue empeñado en elegir a los peores presidentes imaginables. O Brasil, donde Jair Bolsonaro, alcornoque en jefe, sigue empeñado en que el coronavirus es un sortilegio propagandístico o una histérica chifladura que no amerita medidas de ningún tipo. Mejor no imaginar lo que pueda suceder en las favelas, o en la periferia más brava y misérrima de ciudad de México. La incuria, básicamente criminal, de los populistas americanos puede acabar traduciéndose en miles de muertos adicionales y un caos sanitario y económico especialmente devastador en países aquejados de aluminosis crónica y espeluznantes desigualdades. Si ni siquiera sabemos todavía cuántos murieron a manos de los escuadrones de la muerte en las villas miseria que lloran samba y saudade, cachaça y sangre o, no digamos, cuántos esqueletos cenan tierra por las lomas, desiertos, pozas y llanos de ese purulento narcocorrido que es la historia del México contemporáneo. El mismo país de Letras Libres, el Fondo Económico de Cultura, Octavio Paz y Carlos Monsiváis, el mismo, también, ay, del Chapo, glorificado por quienes como el actor Sean Penn todavía confunden a un psicópata de libro, como Joaquín Guzmán, con un psicópata de cine o kiosko, sea el psiquiatra Hannibal Lecter o el legendario profesor James Moriarty. El México de los Boeings trufados de yerbamala y los carros rojos en la frontera y los estudiantes desaparecidos las fosas comunes las adolescentes violadas y asesinadas en Ciudad Juárez los inmigrantes volatilizados y etc. es ahora, también, el México de un López Obrador que algún día debería de responder por la calamitosa gestión de la peste y sus estupefacientes demostraciones de putrefacto magufismo. Responder, ya saben, dar cuentas por las andanzas en el gobierno. Que no todo es vomitar discursos en tv y disfrutar del taconazo de los guardias a tu divino paso. Responsabilizarse por lo que uno hizo o dejó de hacer, declaraciones, órdenes, comunicados, alocuciones, desmentidos, compra/venta de materiales, coordinación o descoordinación de las administraciones y los poderes locales, etc. Borbotea en el ADN del populismo la urgencia por rechazar el escrutinio. Por invocar fantasmas para salir indemne. Ahí tienen a Nigel Farage, responsable de un fracaso de la civilización como el Brexit. O al orgulloso Varoufakis de la catástrofe griega. O a nuestros podémicos de guardia. Que inocularon las heces plebiscitarias en Hispanoamérica y aplaudieron a unos gorilas. Que ahora, en el gobierno, reclaman guillotina para el jefe del Estado mientras salimos a cientos de muertos diarios. ¿Explicaciones, aclaraciones, responsabilidades? Bah, haga como yo, pollo, no se meta en política. Ahí tienen el grito de guerra de la procesionaria, internacional magufa.

Julio Valdeón

© Julio Valdeón Blanco / Diseñado en WordPress por Verónica Puertollano (2012)