«Desmantela la sanidad pública, trae un virus mortal y no toma las medidas más básicas de prevención, ¿exterminio encubierto? #AnaMatoDimisión»: Ada Colau, 2014, cuando la vida era un bonito tricotar de activismo turbo y fiebres revolucionarias. Hablaba del ébola, que en España y hasta donde alcanza mi desmemoria le costó la vida a un cooperante y misionero, el sacerdote Miguel Pajares. «Voy a pedir una y mil veces la comparecencia de Rajoy para explicar la crisis del ébola», clamó Pedro Sánchez, octubre de 2014. Y esto qué tal: «Mariano Rajoy es responsable de la crisis del Ébola por poner a una irresponsable en Sanidad. Limpieza democrática». Suma y sigue: Pablo Iglesias: «el caso del ébola es una muestra del coste que tienen los recortes y de la incompetencia del gobierno. Hay responsables, que den la cara». El rosario de imprecaciones, estampidas, carteles y denuncias fue el habitual cuando toca reclamar responsabilidades al centro derecha. Que como todos saben gobierna siempre contra la gente. O sea, a favor del viento y las pandemias. Hoy, coronavirus mediante, tenemos al gobierno muy volcado en celebrar grandes manifestaciones con millones de personas y hermosas fiestas populares con cientos de miles de turistas. Hoy vivimos el descontrol inevitable de un estado atomizado en mil y una administraciones. Hoy, uy, los gobiernos locales esperan que Moncloa suspenda las Fallas, que a mí me da la risa. Hoy no sabemos nada más excepto que en Italia la cosa pinta explosiva y que los modelos estadísticos predicen que vamos a su encuentro en apenas diez días. Hoy recordamos que el nacionalismo populista, Vox, celebró un mitin en Vistalegre. Hoy añadimos que Pablo Echenique ha escrito que «En las portadas y en las tertulias el coronavirus corre desbocado y es una peligrosísima pandemia que causa pavor. En el mundo real, el coronavirus está absolutamente controlado en España». Absolutamente controlado. Y atención: «Ojalá un día el sistema mediático tenga la mitad de calidad que el sistema sanitario». Todo mientras la oposición dedicaba los últimos días a ver pasar los trenes con ojitos bovinos y mientras los partidos del progreso y aserejé demuestran que con tal de pintar las calles de morado, en su celebración anual del aquelarre anti lo que no sean ellos, bien vale arriesgar la salud pública y tensionar un sistema sanitario abocado a sufrir una descomunal prueba de resistencia. El papelón de los expertos que repiten que todo fenomenal, y que total a las manifestaciones no van los guiris, ha sido apoteósico. Prepárense en los próximos días para asistir a un vendaval de ataques contra la prensa enemiga, que incendia las calles, que mete miedo, que manipula, y a un correctivo por tierra, mar y aire contra los políticos de la oposición si dicen esta boca es tuya o mía. Todo bajo control, claro que sí, guapis.

Julio Valdeón

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