Sorprenden las cabalgadas dialécticas de los hiperventilados. Ante el pacto PSOE/Podemos algunos hablan ya de Venezuela o Cuba. Invocan el Gulag. Advierten que el tren blindado ya ha salido de Zúrich. Pero el gobierno Frankenstein no será presidido por Vladimir Ilyich Ulyanov. Dudo mucho que los camaradas de la Orquesta Roja, y no digamos ya el PCE que en el 56 abogaba por la reconciliación nacional, hubiesen querido relacionarse con los supremacistas catalanes o los portavoces del terrorismo étnico vasco. El preacuerdo, sujeto ahora al chantaje de las oligarquías políticas y financieras de las respectivas taifas, se parece muy poco al programa político de la Nueva Gaceta Renana; el mismo, nos recuerda Félix Ovejero, que «encabezará el programa de la Liga de los Comunistas, redactado por esas mismas fechas: “Toda Alemania será declarada República, única e indivisible”». Estos de ahora tampoco se parecen a los Espartaquistas, que afrontaron el pelotón de fusilamiento sin contarle a nadie que lo suyo era una ensoñación o un farol. No necesitas hablar de la Revolución Cultural ni ponerte en ridículo con espejismos de la Caracas desabastecida para advertir del desastre de que en el Consejo de Ministros puedan sentarse unos fulanos que se han declarado a favor del derecho de autodeterminación, la impugnación del 78 y la voladura de la monarquía constitucional. Gente que aspira a desmantelar el sistema representativo, por elitista, para sustituirlo con el bodrio pebliscitario. Políticos que se han pronunciado contra la separación de poderes y la presunción de inocencia. Felipe González habla de una posible crisis sistémica y advierte contra un pacto que puede quebrar la convivencia. Si creen que exagero recuerden lo que supondría una mesa de partidos al margen del Congreso, la dinamita del relator internacional a efectos de la guerra de propaganda desatada contra la democracia española o las peticiones para blindar competencias. Sin ponernos estupendos, sin envenenarnos o sobreactuar, en Cataluña, ahora mismo, el parlamento regional dedica los días a echar pulsos al Tribunal Constitucional, no puedes escolarizar a tus hijos en la lengua oficial del Estado ni desplazarte con normalidad por las carreteras mientras los golpistas disponen de una televisión que opera como la televisión de las Mil Colinas. Los abogados de los enemigos del Estado de Derecho, los conjurados contra la democracia burguesa, los del postureo ecológico y fetén al tiempo que desprecian las mejores conquistas civilizatorias, acampan en los jardines de Moncloa.

Julio Valdeón

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