El homenaje del PP en Cataluña a algunos de los ciudadanos más destacados en la lucha contra el nacionalismo ha sido uno de los actos más emocionantes y necesarios en nuestra historia reciente. Dramaturgos, filósofos, escritores, periodistas… unidos contra la pestilencia en el combate por la nación republicana, democrática, liberal, y en la defensa de una comunidad política laica contra la podredumbre del Volksgeist. Allí estuvieron Antonio Robles, Santiago Trancón, Teresa Gimenez Barbat, Marita Rodríguez, Alejo Vidal-Quadras, Julia Moreno, Arcadi Espada, Ana Losada y Pepe Domingo. Albert Boadella envió un video delicioso, Fracesc de Carreras una hermosa carta y otro maestro, Félix Ovejero, fue baja de última hora por una lesión futbolera. Faltaban algunos nombres señeros, como Félix de Azúa, Xavier Pericay o Federico Jiménez Losantos, y por supuesto cientos de luchadores anónimos. Pero sin duda eran todos los que estaban. Gratitud eterna por su trayectoria y su lucha, que es la nuestra, la de cualquiera que aspire a conservar un Estado moderno que respete los derechos de todos los ciudadanos y no conceda privilegios según dicten la partida de nacimiento y el padrón. Ya hubiera querido yo, ya, ver a los partidos de izquierda ahí. Pero no. Ellos, y sus vergonzantes exegetas, más o menos disimulados, abonados a las fastuosas virtudes del placebo, apuestan por el diálogo con los del trágala y disparan a todas horas contra quienes sacaron adelante este inaplazable reconocimiento. Quieren cobrarse las cabelleras de Alejandro Fernández y Cayetana Álvarez de Toledo, dos políticos que no se dejan llevar por los mantras clericales de la plurinacionalidad, que no sonríen a los jemeres identitarios, que dicen lo que nadie dijo durante los oprobiosos, lamentables días de la medalla al mérito constitucional al capo di tutti i capi y del a partir de ahora de moral y ética hablaremos nosotros. Dos políticos discutidos, incluso hoy, por un establishment político, empresarial y cultural que preferiría seguir haciendo negocios con los mandarines xenófobos a costa de España, Estado social y democrático de Derecho que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político y cuya soberanía nacional reside en el pueblo español. Por ellos, por lo que defienden, y por la resistencia en Cataluña, hoy canto junto al gran Boadella, presidente de Tabarnia en el exilio, Aux armes citoyens! Formez vos bataillons!, Marchons, marchons…

Julio Valdeón

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