Jaume Assens: «España está conformada por varias naciones y una es Cataluña. España no es una realidad homogénea». «¿Galicia?», pregunta entonces Inés Arrimadas al cabeza de lista de En Comú Podem. «También, también», concede el amigo. «¿Y Murcia?», insiste la candidata de Ciudadanos. «Murcia no es una nación», responde Assens con gesto patidifuso y sorprendido, entre indignado y rumiante. En el mismo debate, organizado por La Vanguardia, Cayetana Álvarez de Toledo encara a Gabriel Rufián: «A mí encanta cuando dice, “Ninguna idea legitima la violencia, ninguna idea de España, ninguna idea de Cataluña”. Y yo le pregunto, ¿Y del País Vasco?». «Tampoco», dispara, y nunca mejor dicho, Rufian. «¿Qué hacen ustedes con Otegi?», contesta entonces Álvarez de Toledo, por las sinergias, francachelas y alianzas entre el antiguo brazo político de los terroristas y el actual brazo político del golpismo. El de ERC, por toda respuesta, escupe «“Bah”». Y la candidata del PP por Barcelona, que viene de John Elliot, Tony Judt y Richard Dawkins mientras que el otro no alcanza más allá de Empar Moliner, zanja: «No, “bah”, no. ¿Qué hacen ustedes paseándose con Otegui. Yo se lo pregunto sinceramente. ¿A usted no le provoca una cierta angustia moral?». En ese momento, y aunque uno siente auténtica repulsión por las constantes grupales y las apelaciones al nardo del contertulio o la reivindicación del color de la piel como medalla, no queda sino conceder que estas son las elecciones de unas mujeres bravas, valientes, audaces, leídas, comprometidas y esencialmente buenas contra un hatajo de menesterosos intelectuales y saqueadores de lo común. Inés y Cayetana, Cayetana e Inés, valen por todos los Assens que en la izquierda fueron del zoco racionalista a la conversión a los recitados y recitales ultramontanos. Cayetana e Inés, Inés y Cayetana, son la luz de la igualdad, la palabra indagatoria, la confianza en la Ilustración, el humanismo y Europa, Hobbes y Steven Pinker, Fernando Savater y Descartes, contra la carlistada y el turbión sentimental, decaído y pastueño de los que esperan levantar patrias desde el andén de los agravios perdidos y los méritos contraídos por las momias. Inés y Cayetana, Cayetana e Inés, nos representan a cuantos pasamos felices del qué dirán y el cuidado que te ladro “facha”, “fachita”, “facha de mierda”, porque lo que está en juego, lo que rueda atroz sobre el tapete, es la protección de los más elementales valores democráticos, verbigracia no soportar a los chamarileros del Rh, no claudicar frente a la Radio télévision libre des mille collines, que pagamos todos, y hacer un corte de mangas a los teóricos de la asimétrica soberanía y los derechos del gentío en función la pila bautismal y el empadronamiento. Cayetana e Inés son, además, la audacia de poner coto a lo que diga, mande y disponga el señorito Miquel Iceta, muy entretenido con recuperar parcelas de presupuesto y que ya le ha atornillado a Sánchez, por sobre el trajecito presidencial, los lamparones del guiñol federalista.

Julio Valdeón

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