Si le das a elegir Boris Johnson prefiere morir en una zanja antes que dar marcha atrás al Brexit. Otro que tal, Quim Torra, delira con Hong Kong. El correveidile del prófugo de Waterloo, el admirador de los hermanos Miquel y Josep Badia, fascistas, torturadores y asesinos, confunde el gobierno español con el politburó chino. Un pobre Albano Dante-Fachin escribe en twitter que «Por mucho que incomode algunos, los tsunamis es lo que tienen. Si pueden con CHINA pueden con el pardillo del Borbón y los ladrones del IBEX». Puigdemont, zumbado en su retiro de Belga y temeroso del clérigo mesiánico, celebra mariscadas con sicarias de ETA y se hace fotografías con un cofundador de Terra Lliure, Fredi Bentanachs. Entre tanto Pedro Sánchez ha sometido al país a un espectáculo dantesco («dicho especialmente de una escena, una imagen o una situación: Que causa espanto»). Lleva cuatro meses en precampaña. Tumbado a la bartola. Empeñado, al mismo tiempo, en un curso acelerado de imagen y sonido para capturar el inconsciente del votante. Acusa a Unidas-Podemos de no darle carrete y obcecarse con la poltrona. Un infundio. Todo lo que ofrece son claudicaciones. Si acaso los quiere de bedeles. Pablo Iglesias responde que el problema es de ego, de Sánchez, que no tolera que nadie le haga sombra y mucho menos él. Hace bien en disparar los ganchos al hígado del narcisista. Justo desquite, tinta de calamar mediante, de la campaña infame desplegada por las terminales mediáticas del PSOE. Todos saben que las famosas 300 medidas no son propuestas de gobierno sino catálogo ikea rumbo a las urnas. El presidente en funciones usa a Iglesias como saco de boxeo y de remate le pega el cartelón electoral en el culo. Sánchez, que rige todo su proceder guiado por un concentrado de rencor muy puro, maneja la idea de rematar a Podemos al tiempo que apuntala su frágil mayoría. Su deseo, su anhelo, su pasión turca, es machacar a la bisoña competencia morada ahora que las encuestas los centrifugan. Qué menos, entiende, tras soportar las incontables humillaciones de los penenes de la Complu, en aquellos lejanos días en que los populistos tomaban las medidas del cielo y grababan documentales a mayor gloria de su ombligo. Los malabares de unos y otros nos saludan mientras el Brexit asoma hocico en el horizonte, con la sentencia pendiente en el juicio de una élite política golpista, con los termómetros económicos que anuncian la balada de la enésima crisis, con ERC decidida a cobrarse los favores recibidos y un mano a mano con Torra y compañía para un otoño que, la verdad, huele más a napalm que a victoria.

Julio Valdeón

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