Seguí el juicio del proceso en este periódico y publiqué una crónica diaria. A principios de agosto escribí un correo a instancias de un amigo, llamémosle X, dirigido a José Membrive, de Ediciones Carena, que parecía interesado. «X me ha hablado maravilñas de ustedes y le agradezco muchísimo su interés. La idea sería editar la recopilación de las crónicas que escribí con motivo del juicio del Procès, bien que corregidas y acaso aumentadas allí [sic] cuando sea menester. En cualquier caso sería bueno tener el libro listo coincidiendo con la sentencia, aprox. en octubre. Unos tiempos ajustados, pero temo que imprescindibles y blablablá». También comenté, pobre de mí, que aspiraba a emular el «clásico de Martín Prieto sobre el juicio del 23-F». El editor respondía que X le había facilitado mi correo y hablado de mi obra y que «Para nosotros sería un placer y un honor recibir la propuesta que considere oportuno. Nuestra editorial cuenta ya con 27 años de historia y estamos en fase de expansión. En espera de su respuesta Reciba un cordial saludo». En otro correo más adelante, dice: «Gracias, Julio, Me parece muy bien y muy atractivo el proyecto. Dicho esto, las fechas mandan y el plazo de actuación es justo, ya que en agosto la editorial está prácticamente cerrada. Sería muy conveniente que tuviéramos el texto no solo del contenido, sino de la solapa, contraportada y las ideas sobre portada, muy definidas en la última semana de agosto para que, en septiembre, se ponga en marcha la maquinaria. Yo estaré al tanto. Seguimos en contacto Muchas gracias». Seguimos, en efecto. Le di un poco la paliza con la cubierta, pues rara vez me convencen, y comprobé que las de su editorial son estupendas. Perdí el mes de agosto releyéndome, muerto del asco, cosido a dudas, o sea, como cada vez que corrijo algo mío. El 28 de agosto envié el libro. Junto a dos textos soberbios, prólogo y epílogo, de Félix Ovejero y Alejandro Molina. ¿La respuesta?: «He recibido tu libro y aún, estando de acuerdo en el fondo, publicarlo así conllevaría poner la editorial en riesgo, tal y como están las cosas por aquí. Es complicado que alguna editorial en Cataluña pueda asumir la publicación del libro así, yo si quieres puedo recurrir a algún editor de Madrid. Incluso dentro del equipo editorial hemos hecho un pacto de moderación e inducción al diálogo. Yo me ofrezco a intentar buscar alguna editorial que no estando ubicada aquí lo pueda editar sin el boicot y asedios que recibiría. Recibe un cordial saludo y el apoyo personal en lo que pueda».
Y esto es, a día de hoy, todo lo nuevo que tengo sobre Cataluña.

Julio Valdeón

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