No hay término medio al que apuntar. Todo viaja al rojo o el negro. Vean la que montó Donald Trump con las congresistas Rashida Tlaib y Ilhan Omar. Cuando pidió a Israel que impida su entrada. Deseo concedido, claro. De alguna forma tiene que agradecerle el zorro Netanyahu. No hay recuerdo de un presidente reclamando a un tercero que sancione a dos estadounidenses. La jugada perjudica la causa de Israel. Única democracia consolidada en la zona. Único país que respeta los ideales del estado liberal-democrático entre satrapías islámicas. Todavía peor, eclipsa las declaraciones de dos congresistas partidarias del boicot, igual que Irán, y cuyo viaje estaba patrocinado por Miftah. Una oenegé acusada por el filósofo Bernard-Henri Lévy de «disculpar el yihadismo», «transformar en héroes a asesinos de niños» y hablar de «judíos y crímenes rituales». O sea, «toda la parafernalia del antiguo antisemitismo». Omar se defiende insistiendo en que no habrían sido los primeros congresistas en viajar a Israel invitados por Miftah, y es cierto, así como que pensaban reunirse con «funcionarios de seguridad israelíes» y recibir «información informativa sobre la comunidad beduina en Jerusalén Este [donde] los hogares beduinos han sido arrasados y las comunidades desarraigadas para construir asentamientos en tierras palestinas». Un columnista del National Review, David French, ha escrito un artículo demoledor sobre Miftah. Explica que la oenegé ha publicado panfletos debidos al grupo neonazi National Vanguard. También cuenta que «en un artículo titulado “Honremos a los nuestros”, un colaborador de Miftah describe a Dalal Al Mughrabi como “un luchador palestino”» y «uno de los “héroes nacionales” del pueblo palestino». Al Mughrabi participó en la “Masacre en la carretera costera”, «cuando un grupo terrorista secuestró un autobús y asesinó a 38 civiles israelíes, incluidos 13 niños». Otro asesino ensalzado es Wafa Idrees, cuya hazaña describe el panfleto «como el “comienzo de una serie de mujeres palestinas dedicadas a sacrificar sus vidas por la causa”». También celebra a Hanadi Jaradat, que saltó por los aires en un restaurante y dejó 21 muertos, incluidos cuatro niños. Seríamos bobos si creemos que a Trump le importa algo más que su sonrosado culo. Aspira a sustituir a rivales más ásperos, como Joe Biden, por extremistas a los que resulta sencillo caricaturizar. Pero que la mafiosa obscenidad de sus métodos, y la rayadas acusaciones mutuas de islamofobia y antisemitismo, no disfracen el discurso de unas demagogas alineadas con lo más retrógrado del agitprop antiisraelí.

Julio Valdeón

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