El columnista debe cuidarse del impulso tremendista. Escribir, por ejemplo, España está perdida de imbéciles que ensucian todas las causas que tocan. O lamentar, un suponer, que la defensa de la ciudadanía, la igualdad y los derechos políticos venda menos que la compra/venta de sortilegios tribales. O augurar que la izquierda española, en manos de un canalla y unos maulas, va camino de consolidarse como rotundo bloque reaccionario. Intratable de consignas vacías, sofismos de cartón piedra y alianzas de papel albal con la extrema derecha identitaria. Para curarme la depresión llamo a Raúl del Pozo, el mejor de todos nosotros, que dijo Alcantara. Hablamos del «partido de los fusilados, de la razón, de la conciencia». Condenado a desaparecer. Arruinado por quienes niegan que «el nacionalismo es supremacismo, es fascismo». Cuelgo el teléfono. Observo desesperanzado las caricias con las que algunos saludan los alardes nazis del separatismo. Sus finas equidistancias. La incapacidad para asumir que no hay equilibrio posible entre la defensa de los valores constitucionales y su hipotética voladura. La traición a la nación de todos, cuando cuando sabemos por Shakespeare que «la traición y el asesinato van siempre juntos, como dos diablos que unidos en un yugo por un mismo fin, trabajan tan groseramente por intereses naturales». Para terminar de animarme o cortarme las venas compruebo que a la gran Rebeca Argudo, maravillosa columnista, le han tumbado la cuenta en Facebook por una denuncia infame y estúpida. ¿Cómo vamos a escribir nada, cómo debatir, proteger el fuego, la inteligencia, la risa, si la peña circula por los párrafos haciendo exhibiciones cognitivas dignas de un pingüino lobotomizado? Quería escapar de la hipérbole, de la cólera, del hastío, del maldito extremo, pero provoca una honda desesperanza esta incompetencia, algo peor incluso que la maldad, para entender el abecé. Me lo había comentado Raúl, el problema esencial que sufrimos es de incomprensión lectora. Por precipitación, sectarismo, apasionamiento o falta de claridad mental la gente lee que hay que proteger el gran pacto del 78 y entiende que estás por el alzamiento del 36, hablas de los derechos de las personas y te responde con unos supuestos, e imposibles, derechos de las lenguas, recuerdas que la amnistía fue un triunfo de la oposición democrática y te responden con los mismos argumentos que entonces usaba la caverna. Me gustaría ser ecuánime, mesurado, tranquilo, pero carajo, esto es agotador.

Julio Valdeón

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