Al votante de Vox, como al de Podemos, le espera un viaje de la exaltación a la tristeza con metas volantes por los muelles del despecho. Los morados venían dispuestos a asaltar los cielos por el procedimiento de tumbar la puerta. Contribuyeron a que el PSOE de Pedro Sánchez cosechase los peores resultados de su historia. Por el sumidero populista volaban las papeletas de la socialdemocracia. Con Vox sucede otro tanto. La formación de Santiago Abascal, un puro Brexit, anticipa un país libre de hipotecas separatistas. Sueña con tumbar al PP. La contestación de los dos grandes partidos resulta aleccionadora. Los socialistas del doctor Fake neutralizaron el desafío populista devorando los libros de instrucciones de Laclau y Mouffe. El PP tiene mañanas de emular los discursos voxistas, pocas, afortunadamente, y tardes de reforzar un sobrio constitucionalismo, la mayoría, de momento. Para su desgracia y la nuestra el votante parece decantarse por el grito y rechazar el seso. Respecto al monopolio de la violencia fascista recomiendo ver el acto de Ciudadanos en Rentería. Ese paseo de la vergüenza, viacrucis nauseabundo, explica la profunda enfermedad moral que aqueja a una parte de la sociedad española. «Vosotros no sois antifascistas», gritaba la valiente Maite Pagaza, «sois matones abertzales». Frente al discurso de la eurodiputada están los sepultureros y los cínicos. Los primeros asesinaron a su hermano. Los segundos restan importancia al hecho de que no puedas hablar desde la disidencia sin que te rompan la boca. Dice el siniestro de Pablo Echenique que «Ciudadanos es un partido marginal en Euskadi y Rivera lo sabe. No se va a Errentería a conseguir los votos de los vascos y las vascas. Va a incendiar la convivencia entre los diferentes pueblos de España a ver si así rebaña votos de odio en otros territorios. Duro, pero cierto». Están amenazados los derechos civiles. Pero para el señorito de Podemos la culpa es de Savater y Pagaza, que tienen la desfachatez de pasear a cuerpo y pensar por su cuenta. En Moncloa viven tan preocupados por Vox que ni se plantean deplorar los ataques de Rentería sin enmascarar antes su desprecio por las víctimas. Niegan que el nacionalismo filoetarra ganase la guerra de propaganda. Tachan de provocadores a quienes defienden la ciudadanía. Si es que van por la vida con la Constitución a la vista. Poco les pasa.

Julio Valdeón

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