Todo empezó cuando la izquierda confundió centralidad y fascismo. Renunció al horizonte emancipador de la igualdad y lo cambió por el primer horizonte de sucesos que pudiera agenciarse. Fue así que acabó en el vientre del agujero negro identitario, mientras degeneraba hasta el nivel de un Jaume Asens, número uno por Barcelona de En Comú Podem. Asens habló este fin de semana en un acto titulado República y plurinacionalidad. Miren. La Constitución española presenta dos grandes concesiones al tradicionalismo por (sin)razones de la realpolitik. Monarquía y nacionalidades digamos históricas. La monarquía, constitucional, ha servido con lealtad y honor a los ciudadanos. En episodios dramáticos, durante los intentos de golpe de Estado del 23-F y el 1-O, actuó como dique frente a los enemigos de la soberanía nacional, que reside en el conjunto del pueblo español, del que emanan los poderes del Estado. Las regiones históricas suponen el otro gran vestigio medieval. Dirán ustedes con quienes se sitúan los Asens, las Colau, los Iceta y cía. Si con el Rey, alineado inequívocamente con la ley y sus garantías o si con las cheerleaders de ETA que ayer mismo y en Rentería trataban de hostiar a los dirigentes de Ciudadanos. Nuestros principitos de izquierda no tienen empacho para agitar pendones, el viernes mismo Pablo Iglesias en Canarias, a condición de que celebren las barreras idiomáticas, los privilegios fiscales y el orgullo de aldea. A resultas del cacao maravillao en España disponemos de conservadores, liberales y democristianos de impecables credenciales democráticas. Disfrutamos de nacionalistas a izquierda y derecha, de los xenófobos del PNY y ERC a los sinvergüenzas del PdeCAT (la adjudicación de adjetivos no altera el producto: verbigracia los sinvergüenzas del PNV y ERC y los xenófobos del PdeCAT). Hay populistas/nacionalistas, como la ultraderecha, Vox, por tantas razones emparentada con la impresentable de Marie Le Pen. Hay una banda de ladrones de cuerpos, capiteanada por Pedro Sánchez, que ha tomado el lugar de la vieja socialdemocracia. Y luego están Asens, Colau y etc. Eurófobos. Ultras. Amigos de los fueros, las alambradas territoriales y los estamentos por razones de censo. Magufos antagonistas de la razón en marcha. Tan despistados que ni siquiera tienen conciencia de ser unos perfectos reaccionarios.

Julio Valdeón

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