Todo mi respeto a Andreu Van den Eynde. Ídolo. Lleva en el portátil una pegatina del Black Lives Matter, el movimiento político que denuncia la brutalidad policial contra los negros en EEUU, de relación tan evidente con los sucesos de Cataluña en 2017. Compagina la denuncia de una causa general contra los presuntos criminales de Estado con sus actividades como instrumentista en un grupo de thrash metal, Vientos de Poder. Ayer preguntó a un comisario de la Policía Nacional por «las actuaciones de intimación a la gente que había en los sitios, para que abandonaran el lugar, ¿también se definieron de alguna forma concreta? Es decir, ¿qué tenía que hacer el agente que llegara, que les tenía que decir a la gente… o tareas de mediación?». Como esos quiebros de Manuel Francisco dos Santos, alias Garrincha, que dejaban al respetable en Maracaná con el corazón latiendo cruda samba, a la manera de un quiebro de Antonio Chenel Albadalejo, Antoñete, con los que faraonizaba el aire de las Ventas, el abogado provocó una respuesta superlativa. «Bueeeno», comentó el policía, «eso creo que lo he explicado… Además, permítame pero estuvo usted en el colegio Dolors Monserdà y sabe perfectamente cómo se producían las intervenciones en los colegios. De hecho, usted hizo mediación con el responsable del colegio, que vendrá aquí y lo contará, porque de hecho él es el que me ha dicho que le hizo a usted entrega del auto. Se entregaba el auto a cualquier persona que se identificara como mediador. Y luego ese auto se lo llevaba el responsable al interior del colegio al objeto de hacerle saber a quienes habían constituido las mesas que ese hecho era ilícito. Ese era el procedimiento». De entre todos los rostros compungidos, de entre la ristra de muecas y las gesticulaciones más o menos atribuladas me quedo con la del pobre Melero. Impecable una vez más cuando llegó su turno. Muy capaz de poner en aprietos al policía más puntilloso. Exquisito en su uso de la armería dialéctica a disposición de los mejores abogados. E incapaz de reprimir el aturdimiento y hasta me atrevería a hablar de la veneración por un Andreu descomunal, sublime, monstruo, torero, gigante a hombros de gigantes, consagrado como el gran tótem de cualquiera enamorado del malditismo. Su arte para lograr cortes en las antípodas de cualquier estrategia de defensa competía ayer con las diabluras de otro abogado, Àlex Solà. Decidido a que los policías aclaren cómo demonios pudieron imaginar que la Generalidad tenía algo que ver con el 1-0. El agente, y qué paciencia, respondió que «el referéndum estaba convocado por la Generalitat. Consejerías como Educación en materia de colegios o de Interior, con los Mossos diseñando el operativo, lo que propiciaron fue realmente que la Generalitat estuviera al servicio del referéndum». Un momeeento. Waaaaait a second! ¿Dice usted que el gobierno de Puigdemont tuvo alguna relación con el referéndum? Guau. No lo habría supuesto ni Sherlock Holmes con los cilindros de la euforia desatados y el cerebro empapado en Paganini y coca.

Julio Valdeón

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