Tardé en seguir los artículos de Cayetana Álvarez de Toledo. Por descuido o acidia remoloneaba frente a sus crónicas. Grave error. En cuanto la leí quedé deslumbrado. Pocas personas escriben hoy en España con la lucidez, la valentía, la generosidad y el coraje de la marquesa de Casa Fuerte, hija de un combatiente de la resistencia francesa contra los nazis durante la II Guerra Mundial, discípula de John Elliott en Oxford y brillante portavoz de Libres e Iguales. Mucha gente de izquierdas la odia como repudia cuanto traspasa las naturales afinidades del eslógan. Con esa antipatía digestiva fruto del prejuicio. Los nacionalistas quisieran poner precio a su cabeza. No invento nada ni exagero si afirmo que estamos ante una de las personas que más y mejor ha defendido en esta España de todos los venenos la igualdad de los ciudadanos ante la ley. Cayetana lidera el combate contra la enfermedad identidaria, apuesta por la desinfección de los excesos sentimentales que atoran la realidad política y encara la urgente necesidad de explicar que el país es de todos y nadie puede parcelarlo sin contar con el resto. Last but not least su escritura opera como una permanente dinamo contra las imposturas intelectuales de los enemigos de la razón. Sus tribunas sobre Cataluña, sus radiografías del fenómeno populista a izquierda y derecha, su detallada desactivación del trampantojo feminista de nueva generación, y por supuesto los emocionantes artículos que ha dedicado a una Venezuela en descomposición, relucen como trallazos de gran periodismo. Nos separan algunas de mis convicciones respecto a lo económico y social, y sobre todo el talento, que a ella le sobra y a mí no tanto. Nos une todo lo demás. Empezando por la radical defensa de la democracia representativa, la política liberal y la admirable Constitución de 1978. La presentación de su candidatura, anclada en la meritocracia y en la defensa de los valores constitucionales, ha provocado el inevitable aullido entre los aldeanos del hecho diferencial y los resabiados druidas de la basura étnico-lingüística. Le reprochan que escriba Generalidad. Desconocen que traduces aquello que amas. Nueva York por New York, Casa Blanca por White House o Florencia por Firenze. Bien está que ladren los analfabetos de guardia. Me preocuparía si no lo hiciesen. Entiendo peor cómo resolver la hipótesis de que el PP pacte con Vox. Como ella misma ha señalado, las tácticas de contención no funcionan con la hidra populista. «Sólo los que, frente al sokatira identitario, defienden la supremacía del individuo merecen respeto y apoyo». Resulta probable que la suma de PP y Ciudadanos, dando por hecho que el PSOE sigue en caída libre, enredado en las amorales políticas de supervivencia personal de un líder tóxico, no dé para alcanzar la Moncloa. Pero mejor una derrota sin quemar las naves ni blanquear la demagogia que una victoria temporal del brazo del enemigo nacionalista, que hoy puede ser españolista y mañana, como antes González y Aznar con Pujol, catalanista o discípulo de Sabino Arana. Ojalá que Cayetana Álvarez de Toledo, gran baluarte frente al panal xenófobo y sus zánganos, radiante Marianne volteriana, nos ayude a conjurar la peste.
