En el Tribunal Supremo un mando de los Mossos, el señor Manel Castellví, jefe de la comisaría General de Información en 2017, sufre como un perro. Intenta controlar el miedo. Se encoge. Gimotea. No sabe cómo responder a la pregunta de por qué a raíz del acoso a la comitiva judicial del 20-S nadie interrogó a los Jordis. «¿Les tomaron ustedes declaración en algún momento por estos hechos al señor Cuixart o al señor Sànchez?», pregunta el fiscal. «No, señoría». «Sabían ustedes que habían convocado esa movilización y se habían generado problemas». «Efectivamente, ehhhhh… pero en esta primera fase… ehhhhh… en esta primera fase del atestado, según me comentaron, ehhhhh… en esta primera fase, ehhhhh, y en ese momento de las diligencias…». Y así dos espantosos minutos de titubeos, vacilaciones y dudas. Dos minutos que hacen más por la disolución de la policía autonómica que cualquier discurso de Vox. Dos minutos que telegrafían los pensamientos del angustiado poli: si suelto todo lo que sé me ponen en la diana; si callo o miento con excesiva rumba acabo imputado. Al mismo tiempo que Castellví trataba de responder a los fiscales un periodista al que hay que seguir, Matthew Bennet, que cubre el juicio sin dejarse malograr por los mitos románticos (xenófobos) con los que tantos corresponsales encaran la realidad española, nos informaba a través de su cuenta, @matthewbennett, de que la Fiscalía Superior de Cataluña había abierto una investigación por la identificación de Montserrat del Toro en redes sociales. La propia letrada, que salió ilesa de milagro del registro de la Consejería de Economía, había presentado una denuncia, paseada por las tapias del Twitter mientras «el juzgado de instrucción 16 de Barcelona ha abierto diligencias previas. El juez ordena a los Mossos investigar». Esto, ¿qué Mossos? ¿Los Mossos que desistieron de preguntar a los organizadores e instigadores del 20-S? ¿Esos son los que indagarán en la cacería contra la secretaria judicial a la que miles de personas gritaban puta? ¿Los Mossos que hasta anteayer recorrían las calles de Cataluña para exigir con malos modos las identificaciones a los ciudadanos que limpian de detritus amarillos y parafascistas los espacios públicos? ¿Se refieren a los Mossos de los binomios? ¿Los que acudieron al 1-0 con la disposición operativa de unos excursionistas merendando calçots y una cadena de mando diseñada para facilitar un acto prohibido? Pocos minutos después de trascender la denuncia de Del Toro Oriol Junqueras, juzgado por presunta rebelión y etc., será cabeza de lista de ERC a las elecciones generales. Castellví, entre tanto, a lo suyo. A tricotar entre carraspeos los cargos contra los antiguos responsables políticos de la Generalidad: «El president decía que comprendía la situación y que se ponía en nuestro lugar, pero que había un mandato del pueblo de celebrar el referéndum y la decisión del Gobierno de llevarlo a cabo…». Sumen el testimonio previo del hombre que comandaba la Policía Nacional, Sebastián Trapote: «Estaban perfectamente organizados. Sabían cómo tenían que hacer la resistencia. Había llamamientos en las redes sociales. Hacían cadenas humanas. Nos bloqueaban el paso, nos agredían, nos empujaban…». Añadan si eso los textos que ayer mismo surcaban las redes, dedicados a la señora Del Toro, «esperamos de todo corazón que te rajen de arriba abajo, tocina nazi malfollada», y voilà, la revolució dels somriures.

Julio Valdeón

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