En 2017 viajé de Nueva York a Barcelona para sumarme a la manifestación del 8-0. En defensa de la democracia y frente a la actuación despótica del poder político local. Aquella marcha fue convocada por Sociedad Civil Catalana. La entidad había recogido el clamor de esa mitad larga de ciudadanos en Cataluña que suplicaban por la restauración del Estado de Derecho y temían por su integridad y libertades de triunfar el golpe de Estado. Año y medio después Josep Ramon Bosch, que fue presidente en 2014 y 2015 y ha vuelto al cargo de forma sorpresiva, declara en eldiario.es que «Pedro Sánchez no ha cedido en nada ante los independentistas». Como tampoco es cosa de ponerse estupendo voy a limitarme a reproducir algunas acrobacias sanchistas, recopiladas en tuits certeros por el Catedrático de Derecho Internacional Privado de la Universidad Autónoma de Barcelona, Rafael Arenas. Entre otras desautorizar el informe sobre adoctrinamiento en la escuela realizado por la Alta Inspección de Educación; negociar con la Generalidad al tiempo que la institución chulea el principio de neutralidad, del «Apretad, hacéis bien en apretar» del presidente Torra dirigido a los CDR a la peste de lazos amarillos en edificios oficiales; ignorar olímpicamente las sentencias que declaran la vulneración de derechos fundamentales en Cataluña; no garantizar una presencia mínima del castellano en las aulas, y añadan las mentiras de la ministra de Educación cuando afirma obscena que el castellano es lengua vehicular de la enseñanza en Cataluña; acceder al traslado de los presos a Cataluña, y si quieren hablamos de los jugosos privilegios penitenciarios que desde entonces disfrutan; no oponerse a la reapertura de las llamadas embajadas, verdaderas dinamos de la propaganda golpista en el mundo. Añadiría, un suponer, los tonteos con el relator, esa figura largamente codiciada por los batasunos en tiempos de ETA. O la destitución del Abogado del Estado, que se negaba a cambiar el tipo penal, para complacer a los independentistas. O la degradación del sumiso ministro Borrell, al que empaquetan como felpudo rumbo a Bruselas en pago a sus continuas humillaciones. O la cumbre de Barcelona, que dio como resultado una abracadabrante propuesta «en el marco de la seguridad jurídica». La penúltima renuncia al chantaje son las palabras del señor Bosch. Con la muerte de SCC, malvendida al tercerismo del nacionalista Iceta, perdemos otro bastión. Dios mío, qué solos se quedan los constitucionalistas.

Julio Valdeón

© Julio Valdeón Blanco / Diseñado en WordPress por Verónica Puertollano (2012)