De tanto repetir el mantra de la democracia defectuosa, de tanto acarrear chatarra antisistema, romperán el juguete. En Cataluña comandos de delincuentes cortan carreteras, “liberan” peajes y amenazan con nuevos enfrentamientos. Los actos de sabotaje cuentan con la aprobación de un presidente de la Generalidad en huelga de canapés desde el monasterio de Montserrat. A un radical, racista, que sostiene que los españoles son “bestias” y que “la Constitución es una cárcel” apenas le faltaba invocar la vía eslovena: “No hay marcha atrás en el camino a la libertad. Los eslovenos decidieron seguir adelante con todas las consecuencias. Hagamos como ellos y estemos dispuestos a todo para vivir libres”. La vía eslovena. 74 muertos, crímenes de guerra incluidos. José Luis Ábalos, secretario de Organización del PSOE, opina que Torra es “un iluminado” y advierte contra los “llamamientos a la insurrección”. Pero el pasado 1 de octubre, cuando el president animaba a “seguir presionando”, comentó que “más allá de los discursos están las acciones”, pues “los discursos inflamables tienen una importancia relativa”. Cabe recordar que en los días como impasible Buda del ministro de Fomento se produjeron cortes en la vía del AVE y la AP7, un asalto a la subdelegación del gobierno y, poco más tarde, al parlamento de Cataluña. Desde entonces, nuevos escraches al juez Llarena, ataques contra comisarias, juzgados y sedes de partidos políticos, repetidas acciones de sabotaje, multiplicación de la hez amarilla en edificios oficiales y una insoportable campaña de agitprop tanto en la televisión y la radio pública de Cataluña como a nivel internacional. ¿Qué ha cambiado? ¿Qué ha provocado la reacción, aunque sea de boquilla, del gobierno que ayer no más fardaba de que “las píldoras antiinflamatorias del doctor Sánchez están funcionando” (Miquel Iceta, 3 de noviembre de 2018)? El descalabro en Andalucía, claro. Todas las advertencias llegan después de que el gobierno intentara negociar los presupuestos con el cabecilla de una presunta banda criminal y obligase a la Abogacía del Estado a cambiar su criterio en el juicio más importante desde el que condenó a los cabecillas del 23-F. Pero mientras el gobierno no establezca un perímetro higiénico alrededor de quienes rechazan la Constitución no nos creeremos nada. Ni las jeremiadas de Calvo ni los aspavientos por la ultraderecha que viene. Elecciones ya, presidente. Aunque sea por fidelidad a un partido zombi, camino de emular al PASOK.

Julio Valdeón

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