Años de gritar “ultraderecha” a cuanto discutía su catecismo. Hasta que llegó un partido que parece no avergonzarse del sambenito. El estallido de Vox recalibra un término más desenfocado que el pobre Robin Williams en Deconstructing Harry. Descontada la saludable profilaxis de no endosar con la etiqueta a quienes nunca la merecieron, vaya también el jarro de agua fría: Vox encaja mal con lo que cualquier alfabetizado debería de entender por fascismo. No tanto por sus simpatizantes, que no sé, que no voy casa a casa, como por su programa. Que en ningún momento aboga por la violencia o promueve el gobierno de un autócrata. Aunque algunos tics, algunos gritos, algunos lemas, huelen efectivamente mal. Muy mal. Empezando por el españolismo. Cuando resulta que desde el 78 el nacionalismo español ha consistido en defender la Constitución y el Estado de Derecho. Cuando quedamos que los coros y danzas, nostalgia franquista, son para sus herederos, racistas periféricos. Asociada al asqueroso grito tribal aparece la desconfianza hacia Europa, que comparte con Podemos, Cup y formaciones afines. Más la agitación de un espantajo, ¡los inmigrantes!, que tantos frutos deparó a los ultraderechistas del mundo uníos. El problema de Vox pasa porque ¡los inmigrantes! y los discursos del miedo, y la hiperventilada defensa de “los de aquí” y “los nuestros” tiene que ver con el hecho de que esa violencia retórica, puritita decantación xenófoba, sólo podría otorgarle réditos electorales si la “invasión” fuera real. Si no se la inventase. Si no fuera fake que te quiero fake Si hubiera algo más que una ocurrencia publicitaria y las fronteras agonizasen a punto de hundirse. Si los “invasores” llegaran desde países con los que nada tenemos que ver en términos culturales y, de paso, acabaran aparcados en guetos oscuros, arrasados y herméticos. Vox añora al enemigo de fuera. Al extranjero. Lo tiene todo. El vozarrón. Los spots. Las banderitas. Todo menos los banlieues. Por lo demás, una vez adjudicada por los medios la primogenitura del espantajo, conviene recordar que Vox apenas aspira a un 2% en intención de voto. A eso se reduce la revelación del coco españolista. Comparen con Italia y ese Salvini que tanto gusta a Anguita. O con el Brexit. O con los EEUU del demagogo y posmoderno y al tiempo soez y populista Trump. ¿Quieren ultraderecha aureolada con votos? ¿De verdad quieren marcha? Pregunten por Puigdemont.
