Las declaraciones de Carmen Calvo, hasta cierto punto razonables si se hubiera limitado a la circulación de fake news en redes sociales, no sorprenderían en EEUU. Donald Trump dice cosas parecidas desde hace años. Con la disculpa de las posibles difamaciones busca potenciar las leyes antidifamación. De paso, acotar la primera enmienda de la Constitución de EEUU. Que entre otras fruslerías protege la libertad de prensa. Esto que dijo durante un mitin en Fort Worth, Texas, campaña electora de 2016: «Una de las cosas que haré si gano (…) será discutir nuestras leyes contra la difamación para que cuando escriban artículos deliberadamente negativos y horribles y falsos, podamos demandarlos y ganar mucho dinero (…) Así, cuando el New York Times escribe un artículo exitoso que es una desgracia total, podremos demandarlos y ganar dinero en lugar de no tener ninguna posibilidad porque están totalmente protegidos». O este tuit, septiembre de 2018, mosqueado con Bob Woodward, donde pregunta cómo es posible que nadie en Washington D.C. se lance a degüello. «¿No es una lástima que alguien pueda escribir un artículo o un libro, inventar historias y hacerse una imagen de una persona que sea literalmente lo opuesto a la realidad, y salirse con la suya sin castigo ni costo?». Ah, las semejanzas no acaban en el trópico utópico de los meros deseos, tipo cambios legislativos difícilmente constitucionales, o restricciones que escapan al ambito federal y, por tanto, a su capacidad de maniobra. También tenemos hechos. A falta de presionar la primera enmienda, apercibimientos firmados por tu equipo legal. Amagos de mordisco con los colmillos bien visibles. De hecho, cuando Pedro Sánchez amenazó por burofax con demandar a los periódicos que informaban sobre su tesis doctoral,no hacía sino seguir la senda Trump. Recuerden que los abogados del presidente, en un movimiento inédito, juraron denunciar a los editores del periodista Michael Wolff si publicaban su libro, libelo, Fuego y furia: en las entrañas de la Casa Blanca de Donald Trump. No hubo demanda, claro: para que el autor y/o los editores de una información sean condenados en EEUU por difamar a un cargo público necesitas algo más que información falsa. Lo sentenció el Tribunal Supremo hace medio siglo en la demanda interpuesta por cargos públicos de Alabama, concretamente por L.B. Sullivan, contra el movimiento por los derechos civiles liderado por el reverendo Martin Luther King y, de paso, contra el periódico New York Times, por publicar un anuncio que al parecer contenía varias inexactitudes. Pero. Como explico el juez Brennan en una sentencia histórica, que daba la razón al NYTimes, no basta con publicar mercancía averiada. Para ser condenado tuviste que hacerlo con malicia. Sabiendo que las mentiras eran eso, mentiras. El caso, New York Times vs. Sullivan, 1964, fue crucial para protegernos contra la mordaza. Hoy podría reeditarse como Trump vs the Failing New York Times. O Calvo, y Sánchez, contra el mundo.

Julio Valdeón

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