Asia Argento. Actriz. Directora de cine. Emblema del movimiento #MeToo. Según cuenta el periódico New York Times mantuvo relaciones sexuales con un menor de edad. Acordó pagar 380.000 dólares a su supuesta víctima, el actor y músico Jimmy Bennett, a cambio de que este no le pidiera más dinero y, claro, de que el caso no aparcase en los juzgados. En el momento de su encuentro sexual en California, donde la edad mínima de consentimiento es de 18 años, Bennett tenía 17 años y Argento 37.
Cuenta el New York Times que recibió el dossier en un correo electrónico encriptado y sin remitente. Argento y Bennett se habían conocido en 2003. Cuando ella eligió al jovencísimo actor, que venía de actuar en numerosos anuncios de televisión, un puñado de series y hasta una película con Eddie Murphy, para interpretar el papel de su propio hijo en la película, coescrita y dirigida por ella, The heart is deceitful above all things. Basada en la novela de JT LeRoy, el escritor ficticio inventado por Laura Albert. Bennett tenía 7 años. Según exhibieron en redes sociales, aquel trabajo cimentó una relación que la propia Argento, hija de Dario Argento, gran mito del giallo, subgénero local del género de terror, definía como de madre e hijo. La italiana habría sido algo así como una suerte de patrocinadora y consejera, mientras Bennett disfrutaba de una prometedora carrera como estrella infantil. Con un poco más de sacarina, con nuevas y generosas dosis de abrazos materno/filiales en instagram, habría fructificado el mito de la lúcida y guapa dama del cine y su centelleante protegido. Aunque para eso habríamos necesitado saber quién era Asia Argento más allá de la entrada en wiki de su padre y, por supuesto, que Bennett hubiera hecho algo memorable en el cine, por fugaz y pequeño que fuese.
En 2013 Argento concertó una cita en una habitación de hotel en Marina del Rey, California. En un mensaje que sube a las redes sociales el día previo, la actriz escribe: «Esperando con ansiedad a mi hijo perdido durante mucho tiempo, mi amor, y fumando cigarrillos como si la semana que viene no existiera». Bennett llegó acompañado de un familiar. Que según el New York Times abandonó la habitación a petición de ella. A continuación, y tras prometerle un papel en su nueva película, Argento le habría dado de beber alcohol y, posteriormente, comenzó a besarle, le tiró sobre la cama, le quitó los pantalones y le realizó una felación. En las horas siguientes copularon dos veces. Sí, sí, primero el trabajo, el señuelo de un rodaje, y después… Cuenta el Times, por vía del abogado de Bennett, que ese día, cuando regresó a su casa, se sintió desesperado. Algo así como «extremadamente confuso, mortificado y disgustado». Tanto, suponemos, que apenas un mes más tarde, escribió en un tuit dirigido a Argenta, «Te echo de menos mamá!!!». Entre tanto discutió con sus padres, su madre biológica y su padrastro, respecto a la situación de un fideicomiso en el que el Bennett había depositado parte de sus ingresos. En una demanda que presentó ante el Tribunal Superior del Condado de Orange, en octubre de 2014, afirmó que «sus padres lo habían excluido de la casa de la familia al tiempo que conservaban sus pertenencias». También los acusa de estafarle no menos de 1,5 millones de dólares. Alegaba que estaba «arruinado». «El caso fue resuelto en diciembre de 2014, pero los términos no fueron revelados», dice el Times.
Por supuesto que el lío entre la actriz madura y el jovencito que envía la colada sucia al periódico con un lustro de retraso no pasaría de escándalo convencional, casi de serie B, de no ser Argento una de las pioneras en las denuncias contra Harvey Weinstein, acusando de violación y abusos sexuales al otrora todopoderoso productor. Para los archivos, su intervención en el último festival de Cannes. Cuando desde el escenario y con el mundo del cine atento a cada una de sus palabras proclamó que «En 1997 fui violada aquí, en Cannes, por Harvey Weinstein. Yo tenía entonces 21 años. Este festival era su coto de caza. Quiero hacer una predicción: Harvey Weinstein nunca más será bienvenido aquí».
La primera confesión de Argento respecto a Weinstein había llegado el pasado octubre. En un artículo ya mítico de Ronan Farrow que publicó la revista New Yorker. La espoleta del #MeToo. La consagración universal del movimiento que ha sacudido el show business, desvelado los comportamientos criminales de algunos hombres malos y, de paso, arrastrado por fango la presunción de inocencia y un puñado de carreras. Pues bien. Poco antes de que explotara el #MeToo recibió una carta del abogado de Bennett. Donde le pedía nada menos que 3,5 millones por daños y perjuicios. Por usar la explicación del leguleyo, y siguiendo al New York Times, «el señor Bennett ganó más de 2,7 millones en los cinco años anteriores a la reunión de 2013 con la señora Argento, pero su ingresos han disminuido a un promedio de 60.000 dólares al año». A la hora de pactar una tregua la abogada de Argento, Carrie Goldberg, había aconsejado introducir una cláusula de confidencialidad. Amparándose con notables contorsiones legales en las leyes de Nueva York. Pues en el Estado de California no se permiten tales contratos para los casos de relaciones sexuales con menores. Pero la actriz, afirma Goldberg, optó por negociar la posible confidencialidad: resultaba inconsistente con sus propias críticas a ese tipo de acuerdos y la peligrosidad social que encierran. Con todo firmado hubo un primer pago. 200.000 dólares. El pasado mes de abril. Dos meses más tarde, en junio, moría por su propia mano el novio de la actriz, el cocinero, estrella de la televisión y escritor Anthony Bourdain.
«En teoría», le advierte la abogada a Argento, «Bennett podría contarle a la gente sus reclamaciones contra ti. Eso sí, no podía demandarte por ellas, ni tampoco publicar la foto de vosotros dos». Habla, con bastante probabilidad, de una instantanea tomada por Argento el día de su polvo con Bennett. Donde dice el New York Times que puede distinguirse a la pareja, tumbada en la cama, desnuda de cintura para arriba. Bennett habría enviado una copia de la citada foto al periódico, que no la ha publicado. Bien. ¿Qué hacemos ahora con aquellas palabras de Cannes? «Hoy», exclamó Argento, «se siguen sentando entre nosotros otros que han tenido un comportamiento indigno con las mujeres. Sabéis quiénes sois. Y, lo más importante, nosotras lo sabemos, y no vamos a permitiros vivir en la impunidad».
Argento, siempre en el sacrosanto nombre las víctimas, llamaba a la «caza del cerdo». Haciendo caso omiso de cualquier tutela y del potencial riesgo de que como daño colateral surgieran los típicos chantajistas. Hambrientos. A la caza de eso que algunos medios, con prosa deliciosamente eufemística, llaman «acuerdos extrajudiciales». «Ojalá que que nunca vuelva a sucederte algo así», le escribe Goldberg a Argento, «eres una artista poderosa e inspiradora y es miserable que vivas rodeada de individuos de mierda que se han aprovechado de tus fortalezas y debilidades». La misma Argento que entrevistada por el Guardian, 19 de noviembre de 2017, afirmó que «Las conciencias se están despertando. Cada vez que uno de estos cerdos cae, es una medalla al honor».

Julio Valdeón

© Julio Valdeón Blanco / Diseñado en WordPress por Verónica Puertollano (2012)