Pedro Sánchez tuvo meses de susurrar milongas sobre la España plurinacional y el federalismo aserejé. Inviernos de recorrer los pueblos como un predicador por los meridianos de sangre de Cormac McCarthy. Madrugadas locas, en las que defendía el 155, aunque con TV3 a pleno Nodo. Días de abrazarse a Miguel Iceta, gran bailarín y defensor de los indultos previos. Hubo, recuérdenlo, tardes de gloria, cuando el actual presidente juraba que ni ciego de alpiste aterrizaría en Moncloa con el apoyo del independentismo. Hasta llegar al día de autos, en el que recibió el voto de los presuntos golpistas, el jaleo de los no tan supuestos racistas y la licencia del populismo. Más dos mañanas, apoteósicas, que le sirven para encarrilar las próximas elecciones generales tras esculpir un Consejo de Ministros que aparenta el Dream Team de Barcelona 92. Si aquella escuadra tuvo a Jordan, Ewing, Bird, Johnson, Pippen, Malone y cía., esta luce entre otros a Borrell, Duque y Grande-Marlaska. Dicen que ha escuchado a sus estrategas. Vieron la oportunidad, le aconsejaron un gobierno infinitamente más cerca de París y Berlín que de La Habana, de Arendt y Habbermas que de Laclau, y le dijeron salta, salta conmigo. Puede ser, y que el nuevo presidente abandone los complejos/consejos del PSC. Aunque la presencia de Batet o Robles, el catalanismo del por otro lado formidable Borrell y las contradictorias señales que emite el propio Sánchez dan que temer. Quiero decir que tengo el corazón contento y angustiado. Rajoy se negó a dimitir y salvó al PP. El genio táctico del PSOE le ha concedido una monumental ocasión para rehacerse. Podemos resuella, grogui, y los indepes podrían repartirse entre el talego y el manicomio. Bien. Pero y si el fastuoso cartel electoral sirve como enésimo prólogo del día de la marmota. Con el bipartidismo de nuevo amarrado a los nacionalistas, la mitad de Cataluña, la más desfavorecida, a la intemperie, el constitucionalismo en ruinas y las excrecencias intelectuales de Herder y cía. reagrupadas para la causa mientras las tierras, las tierras, las tierras de España, las grandes, las solas, desiertas llanuras multiplican sus aldeanismos. Sepan que frente al catecismo obligatorio navegó un puñado de valientes. Dió la cara como Pike Bishop y su grupo salvaje ante las tropas del general Mapache. Que Sánchez apueste por la Constitución o consolide pare el nacionalismo sus vastas prerrogativas dependerá de los sondeos. Estamos en manos del CIS.

Julio Valdeón

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