El decreto aprobado por la Junta sobre ese plenoasmo llamado Memoria Histórica. Una redundancia zapateril que enlodaba, como casi todo lo que tocó aquel legendario pastor de nubes, la búsqueda de muertos por las cunetas. O los pinares. Como ese el caso de parte de mi familia, cuyos restos dudo que aparezcan. Al hilo de todo esto leo que CCOO ha mediado en la negociación. Entre el gobierno de la Comunidad y las asociaciones. ¿Me alegro? Bueno, permite recuperar una miaja de aprecio por una organización en deriva kamikace. Pienso en ese artículo en la revista de pedagogía: ¡abajo Neruda! ¡Menos genio y más género! Por supuesto que también en Cataluña, donde CCOO, y UGT, desfilarán del brazo de Òmnium y la ANC, o sea, junto a la asociación ideada por los Cendrós, Millet y cía. y con los herederos de la la Crida da Solidaritat, para apoyar una huelga de país. O de secesión. Lo que sea menos de clase. Acaso porque la sindicatos, y con ellos la izquierda realmente existente, parecen haber renunciado a todos sus principios vectores, de la ilustración y el racionalismo a la igualdad. No digamos el viejo sueño universalista. Fusilada por impracticable la hipótesis de pelear las luchas que importaban, encerrada a solas con una arcaica caja de herramientas, incapaz de comprender el mundo que viene y, por tanto, de articular respuestas. Mucho mejor, más descansado, feliz e inane, más colorista, sumergirse en las escamaramuzas culturales. En Cataluña, descontada la hojarasca retórica y otros maquillajes dialécticos que coagulen en vano la merecida sangría de afiliados no nacionalistas, ahora van y pasean con los golpistas. Hundiendo a quienes todavía creen que los trabajadores españoles merecen algo más que unas organizaciones que, en palabras de Javier Redondo, ya no son de clase sino de estirpe: «tan cerca de Esquerra y la inmersión lingüística y tan lejos de sus barrios y votantes». Si el viejo proletario prefiere ver Netflix antes que alzarse en la Comuna, y si el futuro consiste en ejercer como peones de Jeff Bezos, al menos respeten la historia. La memoria de tantos que cayeron y etc. Apaguen la luz con un prurito de dignidad y orgullo, y absténganse, por lo que más quieran, de blanquear racistas. Hasta para morir, especialmente para morir, necesitas clase. Y cómo duele escribirlo.

Julio Valdeón

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