Cuando le plantearon a Nancy Pelosi la necesidad de chapar el Congreso de los EE.UU. la comandante de los demócratas replicó que que los congresistas son «los capitanes del barco» y «los últimos en abandonar». Donald Trump, en cambio, puso al frente a su vicepresidente, que sostiene que el tabaco no causa cáncer. El presidente impresentable, Berlusconi rubio, sostenía que el coronavirus era un pseudónimo de la gripe. Sobraba con cuatro mascarillas y tres chistes. Cosas del populismo y los populistas. Saben cómo replicar virus culturales y cómo sobrevivir mediante la mutación de toda suerte de mascletás ideológicas. Naufragan ante la primera crisis de alcance, obligados a gestionar sin el sostén de un mazo de folios. En España, en vísperas del 8-M Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, sostenía que no había una «avalancha de casos» y que «cada uno tiene que expresar sus ideas como considere y que si consideran que tienen que estar en la manifestación, que estén». A colocarse y al loro, ok? Al médico, por cierto, le ha tocado poner la jeta para salvar la del encantador Salvador Illa, filósofo al que el PSC mantiene como cuota en el pescante del ministerio. Quién le iba a decir a esta peña, sin otra experiencia profesional que los puestos de designación y los chollos de la partitocracia, que tendría que gestionar la mayor crisis de salud pública en varias décadas. Poco que ver con el médico Simón, veterano de la trinchera cuando el ébola. Él sí sabe lo que es tener al populismo enfrente. «Rajoy es responsable de la crisis del ébola por poner a una irresponsable en Sanidad», escribió entonces alguien del PSOE. «Los recortes en los servicios públicos acaban saliendo caros», añadía Podemos en Twitter, «La crisis del ébola es un buen ejemplo de ello». «El caso del ébola es una muestra del coste que tienen los recortes y de la incompetencia del gobierno. Hay responsables, que den la cara», remachó Pablo Iglesias. Lo que Simon ignoraba es cómo comportarse cuando el populismo gobierna y anima a manifestarse mientras los italianos mueren por falta de respiradores. Esta peña ha llevado las operaciones atenta al puro rédito político. Del coronavirus nadie tiene la culpa, pero sí del cacao informativo, los besamanos del 8-M y la brutal, lacerante falta de responsabilidad.

Julio Valdeón

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