La candidata por Barcelona de unos de los principales partidos españoles, Cayetana Álvarez de Toledo, que defiende todas las banderas de la Ilustración, el humanismo, la razón y la ciencia, sufrió ayer la brutal agresión de la kale borroka made in Tractoria mientras los Mossos, dulces de leche, volvían a demostrar que son a las actividades policiales en defensa de la democracia lo que la venta de emplastes homeopáticos a la producción de antibióticos. Tampoco sorprende la indecente actitud del rectorado de la UAB. Una parte de este país da por bueno que un grupo de gente se apropie del espacio público, insulte a los disidentes, pinte los muros de todos con escenas dignas propias del Ulster y reviente actos, recuerden, dedicados a Cervantes mientras las autoridades universitarias hacen el ya mítico binomio. Cómo maravillarse si media España silba cuando se injuria a quienes denuncian el imperio de la tribu, el culto a la boina y la xenofobia como patrón oro de las relaciones ciudadanas. Para rastrear el epicentro de tanta barbarie recomiendo otro momento protagonizado por Álvarez de Toledo. En los estudios de la Ser, entrevistada por Pepa Bueno, un tertuliano le preguntó esta semana «qué hay de malo o qué tiene de problemático el sentirse catalán y querer la independencia de Cataluña, ¿cuál es el problema con ese planteamiento?, ¿por qué hay que preguntarles qué les pasa?, ¿qué es?, ¿una enfermedad que hay que tratar?». La candidata respondió que estamos, oh yeah, frente a un sentimiento, «y estaría bien hacer un esfuerzo por racionalizarlo y averiguar o pedirle a esas personas que se empeñan en romper una comunidad autónoma, en fracturar una sociedad, sí, qué les pasa, exactamente qué les pasa, se sienten de verdad, no es que se sientan, vamos a las razones, ¿están de verdad humillados?, ¿están de verdad explotados?, sus señas de identidad, por ejemplo la lengua, ¿no tienen una proyección suficiente en la comunidad o más allá? ¿Cuáles son las razones reales para su voluntad de fractura y no querer vivir con su vecino y convertir a su vecino en extranjero?» Fue entonces que el tertuliano, virgensanta, invocó el fascismo. Sin entender que el fascismo fue, antes que nada, nacionalismo. Esa necrosis. La estupefaciente evidencia de que los ultras realmente existentes tachan de reaccionario a quien defiende la «empecinada voluntad de vivir juntos que es España».

Julio Valdeón

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