El naufragio de un gobierno que sólo demuestra firmeza para sobornar a los partidos independentistas a cambio de otro día más de Falcon. Incapaz de liderar la respuesta europea a la hecatombe de los derechos humanos en Venezuela. Cuando la única oportunidad que tenemos de influir para bien pasa por nuestra relación con Hispanoamérica. En España, por los páramos de lo que un día fue el partido que en junio de 1956 abogó por la reconciliación nacional, disfrutamos de Alberto Garzón. Homeopático magufo que denuncia conspiraciones internacionales para derribar el putrefacto régimen de Nicolás Maduro y espera y desea que el ejército se mantenga firme protegiendo la democracia y la paz. Por no hablar de su aliado, Pablo Iglesias, que desde Galapagar y en plena baja tuvo que orillar a la interina para escribir que a «Trump y a sus aliados no les interesa la democracia y los derechos humanos en Venezuela, les interesa su petróleo. España y Europa deben defender la legalidad internacional, el diálogo y la mediación pacífica, no un golpe de Estado». Oh. Un golpe de Estado. Un golpe de Estado sin necesidad de violencia. A buenas horas, darling. Y mira que ruboriza cuestionar la legitimidad de quienes luchan contra el tirano que ha estrangulado la separación de poderes, liquidado la autonomía judicial, laminado el parlamento, promovido unas elecciones bufas, encarcelado, torturado y asesinado a opositores, aplastado a los medios de comunicación críticos, provocado una hecatombe económica y colaborado con los grandes cárteles de la droga hasta empujar al exilio a millones de ciudadanos mientras generaba una carestía de alimentos y medicinas digna de los más bestiales aquelarres distópicos. La reacción del PSOE, descontada la bravura del ex presidente Felipe González, y por supuesto las bochornosas respuestas de IU y Podemos, hunde en el lodo cualquier pretensión de abanderar la lucha por la justicia y las libertades. En el PSOE, en lo que subsista más allá del sanchismo, podrían tomar nota de lo que escribía ayer mismo Otegi desde su «firme oposición al intento de golpe de estado y a la injerencia externa en Venezuela». Asumir que la tarde en la que te descubres más cerca de este “hombre de paz” que de González,Macron, Tusk y Tajani, es la del hundimiento. Mi única duda consiste en averiguar qué piensa de todo esto el paladín de las tres comidas (de mierda) al día.

Julio Valdeón

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