Susan Pinker, psicóloga, ha escrito The villaje effect, donde indagaba en la importancia decisiva para la salud física del contacto humano y las relaciones sociales, y La paradoja sexual. Este segundo, un clásico de nuestro tiempo, resultó decisivo para dinamitar las sesgadas interpretaciones de un cierto feminismo que, enfrentado a la ciencia, concluyó erróneamente que el reconocimiento y estudio de las diferencias biológicas, lejos de ayudarnos en el camino de la igualdad, operaría como herramienta al servicio de un grupo dominante. El limpio discurso de Pinker resuena como un tónico en los días de la posmodernidad y el puro y viscoso relativismo.

P.-¿Por qué empezó a escribir La paradoja sexual?
R.-En parte porque como psicóloga infantil casi todos mis pacientes, casi todos los niños con problemas de desarrollo a los que atendía en la consulta, diría que al menos el 80%, eran varones. Comencé a interesarme por cómo les había ido a algunos de los primeros que tuve. A los que había visto dos décadas antes. Descubrí que muchos de ellos estaban comenzando a disfrutar de un éxito laboral insospechado. Si las niñas en general tienen menos problemas psicológicos, menos problemas con los estudios, y si tienen más autocontrol y son más disciplinadas, ¿a qué se debe que la tendencia se invierta en los lugares de trabajo? ¿Por qué a menudo las mujeres eligen trabajos que no son los mejor pagados o los que otorgan más poder? ¿Por qué algunas de las mujeres que llegan más alto en el mundo profesional deciden en un momento dado abandonarlo para dedicarse a otras cosas?

P.-¿Podemos responder más allá del plano ideológico y del diagnóstico político?
R.- A mí me intrigaban las razones que explicarían qué un sexo -hay gente que le habla de género, pero yo prefiero decir sexo- domine y sea más exitoso durante sus años de formación, en el colegio, y luego esa tendencia se revierta al alcanzar la vida laboral. Al menos si nos fijamos en quién copa los trabajos mejor pagados y/o los puestos más altos en muchas empresas y etc. ¿Por qué ocurre eso?

P.- Por culpa del machismo y del secular arrinconamiento de las mujeres, ¿no?
R.-Bien, miremos profesiones relacionadas con la enfermería y la ingeniería. Aunque en Canadá resulta similar el nivel de estudios que exigen, las carreras de ingeniería suelen estar mucho mejor pagadas, y con frecuencia las escogen hombres. Mientras que la enfermería, y la enseñanza, peor pagadas, suelen figurar entre las favoritas de las mujeres. Entonces llegan los reformadores sociales y condenan las lógicas del mercado y exclaman, “Oh, esto no está bien, deberíamos de pagar lo mismo a la gente que tiene el mismo nivel de estudios”. Ni qué decir que al adoptar esa actitud demuestran valorar más las elecciones de los hombres. Les conceden más importancia en virtud de que son trabajos mejor remunerados y, por tanto, los reformadores dedicarán sus esfuerzos a redirigir a las mujeres. E insistirán en que hagan las mismas elecciones favorecidas por los hombres. Es una forma bastante rara de afrontar la realidad, la verdad…

P.- Desde luego sin atender a la ciencia…
R.-Claro, porque hay muchos estudios que demuestran que, por decirlo de forma sencillo, hay más mujeres interesadas en carreras y trabajos que tienen que ver con la gente, o con animales, o con procesos orgánicos, mientras que los hombres, por regla general, tienden a seleccionar trabajos relacionados con cosas y/o sistemas, una discrepancia, gente/sistemas, bien contrastada, y la última novedad es que ha aparecido un estudio dedicado al Informe Pisa que demuestra que las chicas, basándose en los casos de 500.000 adolescentes en 67 países, obtienen unos resultados equivalentes en matemáticas y ciencia durante el bachillerato, y, eso sí, son mejores en los indicadores relacionados con la lectura y el lenguaje, mientras que los chicos son buenos en matemáticas y ciencia, aunque no mejores que ellas, y no tanto en el lenguaje. Puesto que pedimos a los chicos que elijan carrera basándose en aquello que son buenos y sus intereses, quizá tiene sentido que en aquellos países donde pueden elegir sin cortapisas las chicas prefieren carreras más relacionadas con el lenguaje. No porque sean malas en ciencias sino porque ahí, donde puntúan por encima de los chicos, tienen una ventaja en cuanto al lenguaje. Por otro lado, y esto también ha sido un descubrimiento sorprendente, las jóvenes eligen carreras de ciencias en mayor proporción que de ciencias en aquellos países donde gozan de menos libertades y protecciones, como Argelia y Arabia Saudí. Cuanto más igualitarios son los países, menos apuestan las mujeres por las carreras de matemáticas, ingenierías, etc. Por contraintuitivo que parezca es en los países escandinavos donde proporcionalmente menos chicas eligen estudios superiores de ciencias.

P.-¡Pero eso rompe todos los esquemas!
R.- Cuánto más igualitario es un país, cuántas mayores son las garantías y las libertades, más libres son las mujeres para elegir exactamente lo que quieren. Las conclusiones de este estudio, que repito que abarca a 500.0000 adolescentes y 67 países, rebaten el dogma según el cual hay menos mujeres en ciencias por culpa de la discriminación o, sencillamente, porque no se sienten capaces. Algo que quizá sea cierto para un pequeño número, pero no para la mayoría, que sencillamente parece estar más interesadas en carreras de leyes, médicas, etc. O en ser psicólogas. O periodistas. Y ninguna de esas carreras debería de ser despreciada o ninguneada o considerada de segunda categoría simplemente porque no se la considere «la típica carrera masculina». Y además, también esos estudios fueron «típicamente masculinos» hace 40 o 50 años, pero en cuanto se abrieron las puertas fueron copadas por mujeres.

P.-¿Qué opina de que los ataques contra la ciencia en este campo?
R.-Creo que uno de los principales errores que la gente comete es afrontar el asunto de forma simplista, diciendo que todo lo que tiene que ver con las decisiones de las mujeres está relacionado con la discriminación. Creo que para empezar minusvaloran a las mujeres, a las que consideran seriamente dificultadas para decidir por su cuenta, ya sabe, están controladas por la sociedad, etc., mientras que los hombres, de forma milagrosa, se las arreglarían siempre para sobreponerse a las presiones del ambiente sean cuales sean y elegir libremente. Me parece una interpretación que infantiliza a las mujeres, que no saben lo que quieren. Sostener que no ingresan en mayor número en carreras como ingeniería o computación por culpa de la discriminación es fácil, es vistoso, pero no refleja las conclusiones que ofrecen las ciencias sociales.

P.-Unas aportaciones que han llegado a otros muchos ámbitos, por ejemplo a la política, donde los candidatos tienen psicólogos de cabecera, pero no a las aulas.
R.-En las aulas, ahora mismo, resulta bastante raro que se tomen decisiones basadas en evidencias científicas. En ningún país. Todavía parece una idea radical contemplar la ciencia y considerar seriamente qué parece funcionar y qué no y tratar de aplicarlo en el ámbito de la educación. Por ejemplo, debido a qué hemos renunciado a identificar las posibles diferencias naturales entre las chicas y los chicos, cuando ellos se portan mal en clase, cuando se rebelan o no atienden, cuando son bulliciosos, suelen ser castigados, mientras que cuando lo hacen las chicas los educadores identifican sus actitudes con algo más parecido a la diversión, a lo lúdico. De nuevo, esto que digo no son opiniones. Se basa en un minucioso estudio publicado el pasado marzo en la prestigiosa Frontiers in psychology. Le leo la introducción del paper: «Payasos de clase: un estudio demuestra que los niños con una disposición lúdica en el jardín de infancia son vistos como rebeldes y disruptivos por los maestros, a diferencia de las niñas, juguetonas, que no son etiquetadas de esta manera. El desprecio de los maestros hacia estos “payasos de clase” y su activa desaprobación de sus comportamientos son asimilados por los propios niños y sus compañeros, lo que lleva a percepciones más negativas de los niños y disminuye su autoestima».

P.-Tremendo…
R.-Sería interesante, por ejemplo, dejar de decir que las niñas son clones de los niños y viceversa. Que los profesores, los maestros, tuvieran estos datos. Empezar a considerar, por ejemplo, estudios como el que año pasado alertaba que a la edad de 12 años el número de niñas con depresión dobla al de los niños… mientras que el número de niños con problemas de aprendizaje dobla al de las niñas. Pero no podemos hablar de estas cosas. Y mientras no hablemos de ello no podremos ayudar a los niños.

P.-Y todo en nombre de su bienestar.
R.-Quizá ha contribuido la creciente polarización, que ha provocado que la gente ya no hable con quienes piensan distinto, algo que no sólo sucede entre la derecha y la izquierda, sino entre escuchan lo que tiene que decir la ciencia y quienes consideran que la ciencia tiene su propia agenda política, que la ciencia, por ejemplo, es un producto del patriarcado, y por tanto no podemos creer nada de lo que diga. Pura ignorancia, aunque solo sea porque la mayor parte de los investigadores en el campo de la psicología y las ciencias sociales son mujeres.

P.-En este terreno sospecho que la izquierda culturalmente hegemónica ha renunciado a muchos de sus valores. Parece haber retrocedido a posiciones, no sé cómo decirlo, casi victorianas.
R.-Cualquiera que centre todo su análisis en la ideología y se niegue a explorar nuevas ideas corre el riesgo de operar en un marco mental totalitario, donde aquellos que no encajen serán tildados de traidores. Hoy mismo renunciado a seguir escribiendo en un blog sobre psicología porque he recibido amenaza contra mí y mi familia, y la verdad, no merece la pena ni siquiera participar en algo que básicamente consistía en compartir información con el público.

P.-A usted, desde la trinchera de la identidad, la acusan de reaccionaria.
R-.Y sin embargo yo nunca he afirmado que no exista la discriminación. O que las mujeres a veces no lo tengan más difícil cuando tratan de criar una familia y al mismo tiempo de triunfar en sus carreras con arreglo a unos ideales del triunfo puramente masculinos.

P- ¿Masculinos?
R.-El éxito sigue definiéndose por parámetros masculinos, esto es, por lo que más valoran muchos hombres. Cuánto dinero ganas y cuánto poder tienes. El error del feminismo de la Segunda Ola consiste en creer que las mujeres comulgan con esos ideales. Cuando paradójicamente los estudios nos dicen lo contrario, por ejemplo que las mujeres cultivadas no hacen necesariamente el mismo tipo de elecciones profesionales que sus pares masculinos, y ni siquiera comparten todos sus valores. Hay otro estudio, puede encontrarlo en mi web, este de 2014, en el que se atendía al pequeño porcentaje de mujeres y hombres más cultivados y sus decisiones profesionales. Aunque hablamos de mujeres en el top del 1% en cuanto a habilidades en matemáticas y ciencias, las elecciones que hicieron 20, 30 años más tarde de licenciarse eran diferentes a las de los hombres. Porque sus valores difieren. Los hombres valoraban más trabajar con horarios extremos. Ganar mucho dinero. Que sus aportaciones sociales fueran concretas. En cambio había más mujeres interesadas en vivir y contribuir a una sociedad más justa, y en trabajar con gente a la que respetasen. De modo que cuando tienes esos dos tipos de sistemas de valores es normal que las elecciones sean distintas. No todo tiene que ver con la discriminación. También cuenta lo que gente quiere. Quienes consideran injusto todo lo que no sea un reparto al 50% en los trabajos entre mujeres y hombres nunca mencionan la fontanería, o la pesca, o la conducción de maquinaria pesada, ni otros trabajos sucios, o peligrosos, o con horarios terribles. Nada dicen tampoco de las enfermedades y los accidentes, que afectan mayoritariamente a los hombres. Curiosamente eso no parece precuparle a nadie.

Julio Valdeón

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