Cuando las estrellas de Hollywood subvirtieron el férreo orden de los estudios llamaron a los publicistas. Expertos sanadores. Gente lista, rápida y un punto amoral. Dispuesta a controlar daños, repintar sarcófagos y amueblar biografías. Capaz de hacer pasar a unas putas por las sobrinas del divo, arreglar un contrato o pujar por un Oscar. Todo eso, y más, lo hizo […]

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Julio Valdeón

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