Una vez fui a un ciclo de sus películas en el Lincoln Center y me topé con él a cuatro filas de distancia. Estaba arrugado, preñado de siglos, whisky, evangelios literarios y cuernos de diablo. Era inteligente y pendenciero cual emperador romano vestido de gnomo. Norman Mailer, pocos meses antes de morir, comandaba escenarios como el último peso pesado de […]
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