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![]() Foto: (C) Domingo Paillet Julio Valdeón Blanco (Valladolid 1976) escribe de forma profesional desde hace más de una década. Biografía en PDF |
"Julio Valdeón Blanco" nació en Valladolid en 1976. Hijo del prestigioso historiador "Julio Valdeón Baruque", su contacto con los libros fue prematuro y fecundo. Tras estudiar bachillerato en el instituto Zorrilla se matriculó en Historia, donde se licenció. Para entonces ya tenía muy claro que lo suyo era la escritura, estimulada desde muy pronto por la compañía de Julio Verne, Horacio Quiroga o Conan Doyle y, a partir de la adolescencia, por la lectura de Francisco Umbral. Como aquel, un día descubrió los periódicos, «esa mezcla de mentira y metáfora, de información y sorpresa, de noticia y erudición, de imagen y sueño, de tinta y de sangre». El flechazo fue definitivo. Gracias a Félix Lázaro, entonces director de las páginas de Castilla y León del diario El Mundo, inició una colaboración prolongada durante casi diez años. Reportajes, entrevistas, crónicas y, sobre todo, columnas, lo bautizaron en el latido de la imprenta. Su labor periodística le valió ser homenajeado en 2003 en las Jornadas de Periodismo y Literatura que organiza la Fundación Duques de Soria. Entre artículo y artículo comenzó a enviar relatos a diversos premios (fue galardonado, entre otros, en el Premio Miguel de Unamuno) y en 1998 publicó su primera novela, Los fuegos rojos (Algaida), finalista del Premio Ateneo/Ciudad de Valladolid. Desde las páginas de El Cultural, Care Santos saludaba la irrupción de un joven y prometedor novelista al que situaba en la órbita barroca de Camilo José Cela. Ambientada durante los años de la transición en Valladolid, Los fuegos rojos entregaba un daguerrotipo de la reciente historia de nuestro país y, al mismo tiempo, una ácida vivisección del mundo literario. En 2002 la editorial Espasa editó su segunda novela, El fulgor y los cuerpos, libro iniciático, memorias falsas, dietario sexual y lírico de prosa violenta y mirada compasiva, un artefacto que afianzaba a su autor como dueño de un mundo propio y un lenguaje mágico. Deslumbrado, Raúl del Pozo, otro de sus maestros, no dudo en comparar al autor con Henry Miller, un Miller todavía embrionario, sí, pero capaz de volarte la sesera o arrullarte con una simple frase. Poco después saldría a la luz un libro conjunto, realizado junto al fotógrafo Miguel Martín y titulado La melancolía del plantador de árboles. De 2003 y hasta abril de 2005 fue coordinador de literatura del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua. Por aquel entonces participa en diversos libros colectivos, Días de gloria, etc., junto a escritores y amigos como Gustavo Martín Garzo, Juan Manuel de Prada, etc. En septiembre de 2005 Julio abandona España para instalarse en Nueva York, donde reside desde entonces (en el legendario barrio de Harlem). Ese mismo año obtuvo el Premio Internacional de Novela Ciudad de Salamanca con Palomas eléctricas. Publicada en el verano de 2006, confirmaba a un escritor ya maduro, que a lo largo de casi 500 páginas auscultaba con impertinencia y dulzura la vida en provincias, el oficio del periodismo, la eclosión de una generación, la suya, y la desesperada nausea que ahogaba a unos jóvenes sedientos de vida. 2005 también certificó su paso de El Mundo de Castilla y León a las páginas de los ocho diarios del Grupo Promecal (Día de Valladolid, Diario de Burgos, etc), donde publica de forma ininterrumpida una columna semanal. Con su dedicación al género de la columna prolonga una tradición muy arraigada en la literatura española, aquella que arranca con Valle Inclán u Ortega, se prolonga con César González Ruano y, pasando por escritores como Manuel Vázquez Montalbán o Manuel Vicent, llega hasta hoy. Así mismo en 2005 comienza a colaborar como enviado especial en la edición nacional de El Mundo. Junto a Carlos Fresneda, corresponsal del diario en Estados Unidos, mantiene desde entonces una briosa producción en las páginas de Cultura, Obituarios, Comunicación, Ciencia, etc.. Revistas como Yo Dona, Magazine, etc., también reciben con frecuencia sus piezas, así como elmundo.es, donde reseña la actualidad cultural del gigante americano, con especial atención a la creación artística, y donde mantiene un blog junto a sus compañeros en la corresponsalía. Verónica, su cuarta novela, publicada por Algaida, marca el ingreso del escritor en el género negro con un libro a caballo entre Madrid, Marbella («nuestro Far West») y Tánger. Relato trepidante, apasionado y macabro, homenaje a la serie B y el género pulp, sumerge al lector en las postrimerías de unas noches pobladas de actrices porno, productores de flamenco, escritores dipsómanos y asesinos, y donde su protagonista descubrirá el amor y el delirio, la obsesión y la pérdida. Una novela, en suma, «maligna y sensual», en palabras del periodista y poeta Jesús Fonseca. |