En el turno de las defensas hemos reeditado el choque técnico pero también estético entre un Xavier Melero impecable, con empaque y argumentos de gran abogado, y las disposiciones de Van Eynde. Melero ofreció la desobediencia a cambio de la rebelión, la sedición y la malversación. Entiende, y lo argumenta con elegancia, que todo fue una farsa, un bromazo, una inmensa parida. Aunque te preguntas que habría ocurrido si los tribunales no hubieran intervenido para paliar las brutales negligencias de unos y el desacato de otros, si la Guardia Civil no llega a cumplir o si un puñado de países europeos hubiera reaccionado a la declaración de independencia con la lealtad mostrada en su día a la vieja Yugoslavia. Respeto a la rebelión huelga decir que el legislador había desatendido previamente las barreras cuando sólo la concibe como una suerte de alboroto con divisiones aerotransportadas y espadones en tanque. O cuando descartó un escenario donde el poder político local arremetiera contra el ordenamiento jurídico. Golpe de libro, sí, pero sin anclaje o tipo penal bien hilado y a merced de que la violencia, agravada o no, haya podido probarse más allá de la duda. Las menciones finales a Amanece que no es poco fueron brillantes. Aunque puestas a competir en el sector de las notas a pie de página, que no tienen más importancia que el adorno psicológico, desmerecen ante las citas de Kelsen de la fiscalía. El mismo Kelsen, por cierto, al que como señala uno de los tipos que mejor conoce su obra, el profesor Josu de Miguel, coautor junto al admirable Javier Tajadura de Kelsen v. Schmitt. Política y derecho en la crisis del constitucionalismo, los golpistas y mariachis están ya cerca de “incorporar”, vaciado de todo sentido, vampirizado, deshuesado de ideas y rellenado con otras antitéticas, al bando secesionista. Por su parte el abogado de Junqueras y Romeva aparcó por unas horas su virtuosismo a las seis cuerdas para lucir oratoria felina y argumentos de rotunda potencia jurídica. Entre otras acrobacias destaca la petición al tribunal que interceda, ora pro nobis, para que solucione los problemas del mundo o, cuando menos, arregle Cataluña. “Este juicio es una oportunidad, es muy bonito, es una oportunidad para superar una crisis”. Mano tendida, mirada al frente, el hombre también conocido como Mr. Black Lives Matter insinuó grandes males si los jueces no le hacen caso. Cosa rara, la hipótesis de horrísonos altercados, habida cuenta de que la revolución fue siempre la de las sonrisas y que las únicas violencias estructurales habidas en su tierra (que también es nuestra… de momento) son achacables a las fuerzas de ocupación madrileñas, a los togados del Constitucional, que osaron enmendar la voluntad de un pueblo (de nuevo Kelsen v. Schmitt) y a la maléfica continuidad histórico-artística del franquismo y afines. Sí estuvo fino al exponer las fisuras de la propia acusación: “Nos decía la Fiscalía que ni por asomo es sedición, y la Abogacía del Estado nos decía que ni por asomo es rebelión. Antes de que empiecen a hablar las defensas, hay un desacuerdo monumental sobre las bases de la acusación. Entonces no estará tan claro”. Se le olvidó añadir que gracias a esa disonancia, y a que la abogacía del Estado renuncia en enero a todo lo que había mantenido hasta entonces, cuando la abogada general del Estado destituye al jefe del departamento de Penal de los Servicios Jurídicos del Estado porque se había negado a firmar la nueva acusación, gracias en fin, a los desvelos del gobierno de Pedro Sánchez para taponar el espinoso camino que conducía a una sentencia por rebelión, se ha salvado la ruta de la sedición. Que la fiscalía finalmente había obviado, que Rosa María Seoane dejó abierta y que vale por doce años en el talego. Pero de todo esto hablamos mañana con el hombre que mejor lo ha visto.

Julio Valdeón

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