Como todo son noticias chungas, dado que prefiero no comentar la bochornosa entrevista entre el presidente Sánchez y el racista Torra, hago cabotaje en Bruselas. No en la ciudad de los jueces que chulean al socio español y tratan de fundir la última resistencia contra el golpe posmoderno, o sea, Llarena, a falta de que renunciemos al franquismo, la revolución del 34, el 2 de mayo, la Inquisición, los Tercios, la Invencible y hasta la controversia de Valladolid. Tampoco me refiero a la Bruselas poblada por los clérigos del monstruo burocrático y los políticos prejubilados. Hablo de Euromind. Un foro prodigioso. Acaudillado por la eurodiputada Teresa Giménez Barbat. Que ofrece «una tribuna para propiciar el diálogo entre ciencia y política sobre fronteras del conocimiento con potencial para transformar la sociedad». Entre las principales tareas que se ha encomendado figura la de apuntalar la llamada Tercera Cultura. El diálogo entre la ciencia y el humanismo mientras nuestros políticos prefieren gobernar atados al mástil del prejuicio ideológico. Encadenados al dogma. Incapaces de visualizar las aportaciones que la ciencia puede proporcionar a muchas de las principales cuestiones de nuestro tiempo. Como reza la presentación de Euromind, se trata de defender la libertad de pensamiento y el escepticismo, de poner en solfa cuantas afirmaciones no puedan sustentarse en pruebas y, finalmente, de potenciar la identidad común europea, nuestra única oportunidad más allá de los pútridos nacionalismos y las supercherías, que cabalgan de nuevo con la prestancia funebremente profetizada hace años por el lúcido Ciorán. Por ahí han pasado, entre otros, Richard Dawkins, Susan Pinker, Gabriel Tortella, Peter J. Bentley, Thomas Metzinger, Elvira Roca Barea, Steven Pinker… Científicos, filósofos e historiadores unidos en la trinchera de la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso, por usar la cintilla del notabilísimo libro de Pinker. Como el gran profesor de Harvard, Euromind reivindica la Ilustración frente al nacionalpopulismo y los agoreros de toda ralea. Unidos en su odio a Europa, su desprecio de la libertad y su actividad para atomizarnos en tribus, cultos, supersticiones y nigromancias. Si queremos resistir el embate en su doble vertiente parafascista y peronista necesitamos de Euromind y del trabajo visionario y febril de una Giménez Barbat infatigable en la desactivación de pseudociencias y antipolíticas. Tan lejos de las gangrenas narcisistas. Tan comprometida con la herida luminosa de la democracia. Ella sí, grande de España.

Julio Valdeón

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